UN ACOMPAÑANTE. ¿Qué buscan quienes compran un periódico? Ni idea.
¿Qué encuentran? Pues bueno,
esquelas (las informaciones más precisas de este mundo… casi siempre: recordemos, por ejemplo, que Francisco Paesa, nuestro 007 más tragicómico, sobrevivió en 1998 a una esquela en
El País, a un funeral «en la más estricta intimidad» y a treinta misas gregorianas), artículos como éste (que tal vez sólo sirvan para que un tipo como yo pueda comprar alguna que otra bolsa de pañales), quinielas y sorteos que nos pueden sacar de pobres, horarios de misas, autobuses, trenes, cines, farmacias de guardia y programas televisivos…
… Y sucesos escabrosos o sorprendentes, cotizaciones bursátiles, críticas de libros y de películas, pasatiempos, viñetas de humor, quisicosas, efemérides, horóscopos, restaurantes, el tiempo, cartas de lectores, suplementos para todos los gustos y anuncios clasificados también para todos los gustos…
… Y crónicas deportivas, si es posible futboleras, qué sería de nuestras vidas sin el fútbol, sin saber qué ha ocurrido en el último entrenamiento de nuestro equipo o en la penúltima rueda de prensa del próximo galáctico…
…Y muchas noticias, noticias sobre todo, de aquí y de allá, sobre todo de aquí, cuanto más cercanas mejor, a ser posible de nuestro barrio y nuestra ciudad, aunque también nos interesen las que pasan en el resto de nuestra región, nuestro país y nuestro mundo; muchas noticias, y con fotografías, nos las olvidemos, que nos ayudan a digerirlas y ubicarlas…
Quien compra un periódico encuentra muchas cosas, no cabe duda. Tal vez, por encima de todo, el lector que compra un periódico trescientos sesenta y tantos días al año encuentra en sus páginas un amigo fiel, siempre dispuesto a acompañarle y a charlar con él, aunque sea en silencio, el tiempo que haga falta.