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PURA ALEGRÍA. Después de la resaca de calimocho y arameo, "gracias por los subtítulos", toca cambiar de tercio y volver a proyectarnos desde el presente, rumbo al futuro. En estos días me he dedicado a vagar por las playas cercanas y a naufragar por la Internet con ese nuevo jodecoños que se llama Facebook. La holganza que da el oficio deja tiempo para estas cosas y, sobre todo lo demás, deja tiempo para leer y ponerse en contacto con voces antiguas.
Es curioso cómo un autor contemporáneo como Antonio Muñoz Molina escribe en presente desde la voz remota y añeja de la memoria. Tal vez sea por eso que me gusta tanto leerle. Cuando lo hago le siento mi amigo. Uno de mis más amigos, junto a Valle Inclán, Stevenson y Chandler. En estos días he seguido en los papeles la charla que dio por Santander o por ahí, pues en geografía no hay que hacerme mucho caso. Antonio volvió a incendiarnos la sangre a todos los que nos dedicamos a esto. Lo hizo de un natural sencillo, acercándonos a sus maestros. Flaubert, Verne, Sthendal, Aldecoa, Delibes y toda la lista pues hay que advertir que dentro de Antonio conviven todos, y todos se matan a cada rato.
Fue Antonio Muñoz Molina el que un día me descubrió, en uno de sus artículos, a un uruguayo que escribía y fumaba postrado en la cama, siempre en pijama y con una botella de güisqui sobre la mesilla de noche. J. Carlos Onetti era su nombre y, desde entonces, mi amistad con el viejo no ha dejado de aumentar aunque Onetti lleve muerto unos años. Esa es la magia de la voz impresa.
Ahora que toca afilar el próximo borrador de Pistola y cuchillo, sumergido en lo que la imaginación conoce, caigo en la cuenta de la deuda que tengo con Antonio Muñoz Molina pues la voz que cuenta no puede disimular los ecos que a él debe. Resonancias lejanas de un asentamiento imaginario que el viejo uruguayo bautizó como Santa María. He quedado contento con Pistola y cuchillo. Durante años perseguí la huella jonda del héroe hasta atrapar los retumbos del pasado en la voz de Camarón. Así llegué a la Perla, al Portugués, al Chaqueta y a Juana la Canastera. Ahora que leo lo escrito me doy cuenta de lo presente que andan todos en mi próximo trabajo.

Publicado el sábado, 27 de junio de 2009, a las 22 horas y 52 minutos

TRINCHERA DINAMITERA. Finalizo el primer borrador. Novela corta, relato amplio, donde el Camarón aparece camino de la muerte. Pistola y cuchillo. Un trabajo autobiográfico en el cual saco lo peor de mí que es el “yo”, la puta primera persona del singular. Es curioso pero en el “yo”, descubro un accidente semiótico que justifica mis dudas. Me explico.
“Yo” es palabra compuesta de dos conjunciones, “y” “o”. Dos conjunciones opuestas pues la una nos hace sumar mientras la otra nos hace restar. Ese “yo” tan cabrón que me lleva a desatar y atar la cuerda que me pongo al cuello cada vez que me siento a escribir. Pero no vine aquí para hablar de mí mismo, sino de esta Trinchera dinamitera cuyo protagonista no soy yo sino los demás. Cuando el dolor ajeno nos sea indiferente, estaremos perdidos.
El otro día, en la recogida de los premios Ortega y Gasset de periodismo, uno de los galardonados, Gervasio Sánchez, fotógrafo, transmitió un discurso dinamitero por el Canal Único de Información. Fue un discurso dolorido donde denunció a todos los presidentes de la democracia española que, bien mirado, más que democracia es letrinocracia. De ahí el olor que suelta, cargado de materias invisibles que ahogan nuestra libertad. Pero a lo que iba, que Gervasio escupió por su boca lo que tanto daña sus ojos, siempre sensibles al dolor ajeno. Aquí va el discurso.


Estimados miembros del jurado, señoras y señores:
Es para mí un gran honor recibir el Premio Ortega y Gasset de Fotografía convocado por El País, diario donde publiqué mis fotos iniciáticas de América Latina en la década de los ochenta y mis mejores trabajos realizados en diferentes conflictos del mundo durante la década de los noventa, muy especialmente las fotografías que tomé durante el cerco de Sarajevo.
Es un gran honor porque varios de mis mejores amigos a los que respeto profesionalmente pertenecen a la plantilla de este diario. Queridos Ramón Lobo, Guillermo Altares, Miguel Ángel Villena, Jorge Marirrodriga, Francesc Relea, Miguel Gener, Alberto Ferreras, Gorka Lejarcegui, incluso tú querido Alfonso Armada, a los que he nombrado y a los que tengo en mi mente, a todos vosotros que me apoyasteis en los momentos más duros os dedico este premio de todo corazón.
Quiero dar las gracias a los responsables de Heraldo de Aragón, del Magazine de La Vanguardia y la Cadena Ser por respetar siempre mi trabajo como periodista y permitir que los protagonistas de mis historias, tantas veces seres humanos extraviados en los desaguaderos de la historia, tengan un espacio donde llorar y gritar.
No quiero olvidar a las organizaciones humanitarias Intermon Oxfam, Manos Unidas y Médicos Sin Fronteras, la compañía DKV SEGUROS y a mi editor Leopoldo Blume por apoyarme sin fisuras en los últimos doce años y permitir que el proyecto Vidas Minadas al que pertenece la fotografía premiada tenga vida propia y un largo recorrido que puede durar décadas.
Señoras y señores, aunque sólo tengo un hijo natural, Diego Sánchez, puedo decir que como Martín Luther King, el gran soñador afroamericano asesinado hace 40 años, también tengo otros cuatro hijos víctimas de las minas antipersonas: la mozambiqueña Sofia Elface Fumo, a la que ustedes han conocido junto a su hija Alia en la imagen premiada, que concentra todo el dolor de las víctimas, pero también la belleza de la vida y, sobre todo, la incansable lucha por la supervivencia y la dignidad de las víctimas, el camboyano Sokheurm Man, el bosnio Adis Smajic y la pequeña colombiana Mónica Paola Ojeda, que se quedó ciega tras ser víctima de una explosión a los ocho años.
Sí, son mis cuatro hijos adoptivos a los que he visto al borde de la muerte, he visto llorar, gritar de dolor, crecer, enamorarse, tener hijos, llegar a la universidad.
Les aseguro que no hay nada más bello en el mundo que ver a una víctima de la guerra perseguir la felicidad.
Es verdad que la guerra funde nuestras mentes y nos roba los sueños, como se dice en la película Cuentos de la luna pálida de Kenji Mizoguchi.
Es verdad que las armas que circulan por los campos de batalla suelen fabricarse en países desarrollados como el nuestro, que fue un gran exportador de minas en el pasado y que hoy dedica muy poco esfuerzo a la ayuda a las víctimas de la minas y al desminado.
Es verdad que todos los gobiernos españoles desde el inicio de la transición encabezados por los presidentes Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero permitieron y permiten las ventas de armas españolas a países con conflictos internos o guerras abiertas.
Es verdad que en la anterior legislatura se ha duplicado la venta de armas españolas al mismo tiempo que el presidente incidía en su mensaje contra la guerra y que hoy fabriquemos cuatro tipos distintos de bombas de racimo cuyo comportamiento en el terreno es similar al de las minas antipersonas.
Es verdad que me siento escandalizado cada vez que me topo con armas españolas en los olvidados campos de batalla del tercer mundo y que me avergüenzo de mis representantes políticos.
Pero como Martin Luther King me quiero negar a creer que el banco de la justicia está en quiebra, y como él, yo también tengo un sueño: que, por fin, un presidente de un gobierno español tenga las agallas suficientes para poner fin al silencioso mercadeo de armas que convierte a nuestro país, nos guste o no, en un exportador de la muerte.
Muchas gracias
GERVASIO SÁNCHEZ

Publicado el domingo, 21 de junio de 2009, a las 15 horas y 52 minutos

LA LEYENDA DEL TIEMPO. Cantó a los poetas con toda la desolación de una raza pisada hasta la sombra. Así hizo con Fernando Villalón que, además de poeta, fue tahúr y ganadero venido a la ruina desde que un buen día se empeñase en conseguir una camada de toros con ojos verdes como divisa.

El barquito de vapor
esta hecho con la idea
que en echándole carbón
navega contra marea.

Además de interpretar a Fernando Villalón, el cantaor también lo hizo con Omar Khayan y, sobre todos los demás, con Federico García Lorca, el poeta que mejor supo interpretar lo jondo. El título del disco, "La Leyenda del Tiempo", hace referencia a una obra de teatro de igual nombre y que firmó Federico García Lorca en su período surrealista. En la citada pieza teatral aparece la letra aquella que nadie le supo explicar al cantaor, la del sueño va sobre el tiempo, flotando como un velero

El disco salió en 1979, y yo aún no alcanzaba a llamar a las puertas de las últimas habitaciones de la sangre, allí donde decía Federico García Lorca que anidaba lo jondo. Por entonces era un micurria que me entretenía en aporrear las puertas del cielo. Escuchaba a Bob Dylan y cosas así.

Años después compraría aquel disco por rabia, o como se llame eso, cansado de verlo en el escaparate de una tienda que había junto al Mercado de Cuatroca. Estaba de oferta, junto a cosas pasadas de época. La portada era una fotografía a blanco y negro y cazada al vuelo de la luz escueta del foco lejano. Me llamó la atención desde el primer momento. En la citada foto se puede advertir el perfil concentrado del gitano; el cigarrillo vivo entre los labios y la sombra de una barba rubia que parece respirar sobre el fondo gris, de plata callada y mucho grano.
Aquel disco me estaba esperando.

Publicado el domingo, 14 de junio de 2009, a las 22 horas y 15 minutos

TENNESSEE WILLIAMS. Una tragedia debe ofrecer unidad de tiempo y espacio, de lo contrario no hay consistencia argumental que la soporte. Algo así viene a decir Tennessee Williams en sus memorias, reconociendo a Aristóteles como maestro. Me pasé la noche leyendo al dramaturgo por ver si se me pegaba algo.

Tennessee Williams sabía caminar sobre las brasas de la indecencia con la agilidad de un tigre aunque al final acabase escaldado como un gato.Su teatro tiene luz de naipe y brillo de cuchillo recién fregado, de ese que va buscando sangre contraria. Encerraba a los personajes dibujando sombras a su alrededor como barrotes de jaula. Afuera dejaba farolas, tranvías y grillos.

Publicado el sábado, 6 de junio de 2009, a las 23 horas y 09 minutos

DIEZ CUENTOS MAL CONTADOS. La otra noche me la pasé leyendo los diez cuentos mal contados de Miguel Baquero. Y a la verdad, no me salen las cuentas, pues son nueve. De ahí el título. Con un sentido del humor que en él es un sexto sentido, y con una manera de narrar muy suya, Miguel Baquero despliega sus cuentos sobre mi cerebro cual cornezuelo lisérgico.
Se me hace difícil quedarme con uno, elegir el mejor de los nueve, pues una vez leídos no puedo separarme de ninguno de ellos. Con todo me quedo con el titulado “La célula” donde ridiculiza el terrorismo con una gracia y una finura que te hace explotar a carcajadas.
Miguel Baquero sabe que no hay nada más ridículo en el mundo que la tragedia. Yo tuve la suerte de compartir pupitre en el colegio con Miguel Baquero y también mis buenas fumadas en el parque del Quijote, todo muy literario. Luego la vida nos separó y desde hace algún tiempo volvemos a estar juntos en el cucurucho literario. A él le debo ese aire corriente de mi Folklore Cósmico y unos porros con cerveza, ya digo, pues el tío tiene un talento de tres pares de cojones, si es que media docena de los mismos tienen algo que ver con el talento. Convertir la anécdota en categoría, en eso consiste el talento. Y si no que se lo pregunten al astronauta Pedgee o como se escriba, que dio nombre a la variante que lleva su nombre; variante que hoy se aplica como respuesta en todas las editoriales a las que Miguel Baquero se acerca con sus cuentos. En fin.

Publicado el lunes, 1 de junio de 2009, a las 21 horas y 34 minutos

NOS VA LA MARCHA. Fue el primer documental musiquero que se hizo en España. Corría el año 1978 y desde la periferia madrileña llegaban guitarras distorsionadas y letras con contenido. La voz de Rosendo Mercado era un chorro de gargajos que venía de Carabanchel y empapaba a un pueblo entero. "Nos va la marcha" fue el título del documental y del disco grabado para la ocasión. Además de Rosendo al frente de Leño, en aquel documental estaban Coz y, glup, Teddy Bautista, cuando su apellido hacía rima con comunista. Eran otros tiempos, ya dije, y aquel documental lo pasaron por la pantalla del cine Covadonga, el Covacha, como le conocía la peña.
Recuerdo que en aquel cine que estaba al lado de la fábrica Danone, en Madrid, recuerdo que se podía fumar, cantar e incluso escupir a la pantalla cuando aparecían los Sex Pistols y su gran estafa del Rock´n Roll. Y todo esto viene a cuento porque mi colega del alma, el escritor Miguel Baquero, lo vivió conmigo. Ahora acaba de sacar sus “Diez cuentos mal contados” que, a decir verdad, no son diez sino nueve. De ahí el título. Escribiré sobre ellos en la próxima entrega pues lo merecen.

Publicado el jueves, 28 de mayo de 2009, a las 18 horas y 37 minutos

ARRIBA ESOS ÁNIMOS, COÑO. Arriba esos ánimos. Qué mejor para subirlos que entrenar duro, a la manera de Muhammad Ali, que era también la manera de Norman Mailer, el viejo zorro del nuevo periodismo.
Todo empezó en 1967 cuando el campeón del mundo de los pesos pesados, Muhammad Ali, niega y reniega de la guerra de Vietnam, y van y le quitan el título. Años después, con la rebeldía sorda metida en los puños, Muhammad Ali regresa al ring. Trae el propósito de recuperar su título frente a Joe Frazier, en el llamado Combate del Siglo. Norman Mailer lo cuenta en el libro que ahora leo, el titulado “En la cima del mundo”.

Publicado el viernes, 22 de mayo de 2009, a las 15 horas y 48 minutos

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Ilustración de Toño Benavides
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