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IMÁGENES. Pensar en imágenes, y luego trasmitirlas, es un impulso hormonal que solicita placer. Y los tiempos que corren, y los que corrieron, poco o nada hacen por el hipotálamo, que es región infinita donde el placer se origina, y no un trastero gris y mal ventilado como nos quieren hacer creer algunos.
Heráclito pensaba en imágenes y Valle Inclán también. La hormona se les revolucionaba tanto que lograban contagiarnos con su placer. Agarro la biografía de Valle Inclán, Botines blancos, escrita por el Pacumbral. Con las imágenes vuelvo y revuelvo a la pólvora negra y al barro explosivo. Juan Carlos, el amigo de Carpetania, tiene todo listo para un recorrido por el Madrid que yo viví gracias a Valle Inclán, el Madrid que hoy revivo con ayuda de su mejor biógrafo, Pacumbral. Una vez terminado el primer fogueo de Ciudad Canalla, dejo que repose. Mientras las cuartillas se airean, estimulo mi hipotálamo desde el Sur. Busco y rebusco imágenes que transmitan el impulso hormonal suficiente que empape las bragas y levante braguetas de manera natural. Sin utilizar las manos, quiero decir. Me preparo a fondo, dispuesto a darlo todo para que a mis lectoras les recorra ese escalofrío por el espinazo que engrasa los muslos. Y para que mis lectores sientan el flujo sanguíneo en los cuerpos cavernosos y recarguen así la punta de sus cascos. Me preparo para que mi próxima novela sea puro galope. De momento, en eso ando.

Publicado el miércoles, 3 de septiembre de 2008, a las 18 horas y 16 minutos

A ESO DEL MEDIODÍA ME ARROJARON DEL CAMIÓN DE HENO. Con estas palabras arranca uno de los relatos más impactantes del género negro. Su título: El cartero siempre llama dos veces. Su autor: James M. Cain, cuentista de la vieja escuela que sacó literatura del pozo negro de la crisis del año 29. Escarbó con las uñas en la cloaca humana hasta encontrar el hueco donde dicen que una vez estuvo el alma. Y ahí que se instaló el tío a escribir.

Cuando el capitalismo hace sus digestiones, al pueblo no le queda otra que pagar el banquete y oler los cuescos. La crisis la paga el pueblo pues para eso el pueblo compra dinero a tan alto precio en las sucursales bancarias. Un cuento viejo, tanto como el género que mejor refleja las crisis del sistema capitalista. El género negro.

James M Cain, mostró las pasiones más bajas que esconde el ser humano y que, llevadas al papel, suelen ser las más altas. Vuelvo a James M. Cain de la misma manera que un gato vuelve a su tejado. Más arriba queda la metafísica. Abajo está la realidad. Caigo a plomo en el barro de una ciudad canalla y en la bajada araño la pared que luego esnifo. Y todo esto ocurre mientras espero impaciente “El documento Saldaña”, la nueva novela de Pedro de Paz.

Aunque esto no lo ponga en la Wikipedia, y ni falta que hace, repaso los diálogos que llevaron al escritor Pedro de Paz a revivir a Durruti. Me mola la tensión que consigue el tío cuando ilumina con el foco de los interrogatorios. Un fogonazo directo al cerebro. Los diálogos son las vértebras de la historia a contar. A partir de un buen diálogo, se acabaron los misterios. Pedro de Paz lo consiguió haciendo pasar una historia gruesa por el ojo de la aguja, enhebrando diálogos en la recia tela del sudario que envolvió a Durruti. Lo mismo que James M. Cain, que consiguió vertebrar una historia de coño y fuego a partir de su propia voz, la voz de un espontáneo al que arrojan de un camión en marcha.
Ahora yo hago gachas con el barro que luego me llevo a la boca. Y las trago hasta provocar el vómito que rompa mi garganta y arrastre mi voz, y también mi espinazo por debajo de las puertas.

Publicado el jueves, 28 de agosto de 2008, a las 21 horas y 46 minutos

LA NOVELA EN MARCHA. Hay un momento, en el que se sabe si la novela marcha o no marcha, y ese momento te lo dice el personaje principal. Hoy anduve conversando con la protagonista de Ciudad canalla, una mujer trabajada con los pedazos de otras tantas mujeres. Se dedica al oficio más antiguo del mundo, el de contar mentiras. Y llega a tanto en lo suyo que cada vez que le pagan por un servicio, consigue hacer sentir al cliente que ese dinero tan sólo ha sido un préstamo. Ella lo sabe agradecer con toda la humedad de su aliento.

Publicado el viernes, 22 de agosto de 2008, a las 19 horas y 00 minutos

DE LUTO Y FUEGO. Lo difícil de los aviones es que vuelen. Leonardo lo intentó la tira de veces. Fueron muchos los inocentes que creyeron que poniéndose las alas del sabio iban a sobrevolar los riscos de la bota italiana. Al final acababan descalabrados. La zoología nos ha enseñado que el hombre sólo puede volar con la imaginación. Y qué más queremos.
Odio el maquinismo. Dejé de ser inocente el día que me enteré que para poner un disco en la gramola había que meter dinero por la ranura. Eso, sumado a que en los últimos tiempos voy a encender el cacharrito y no me arranca, me convierten en un ser que confía poco en las máquinas. Tan poco, tan poco, como en el ser humano que las hace. Siempre me interesaron más las instrucciones para subir una escalera de Cortázar que las que puso el barón Thyssen para montar en ascensor.
Conocí a algunos pilotos de avión y nunca dejaría mi vida en sus manos. Y menos pagando por anticipado. Me quité de volar hace tres años. No tengo necesidad de que me toquen los huevos en el scanner, o como se ponga, tampoco que me amenacen con instrucciones cuando tomo asiento, que es cuando empiezan las azafatas a mover los brazos. Y lo que no aguanto ya, por nada del mundo, es respirar los sudores de los pasajeros durante el viaje. Me imagino que a ellos les pasará lo mismo conmigo. Me da a mí que el aire, en los aviones, se renueva poco.
Cuando chinorri me iba con los amigos cerca de Barajas, donde los aviones descargaban su basura. Nos subíamos a las montañas de desperdicios y escarbábamos hasta encontrar tesoros con sabor a frambuesa. Confitura extra. Bazofia que daban por comida en los aviones y cuyas sobras se amontonaban en aquel basurero.
Entonces era inocente y soñaba con el día en que yo iría sentado en uno de aquellos aviones, untando la confitura extra en una barra de pan caliente. Igual que en los anuncios . Azafata, por favor, un café manchaito en la leche. En fin, que entonces no estaba al tanto. Nunca me podía imaginar que el mal día del piloto pudiera coincidir con la fecha de tu muerte.

Publicado el miércoles, 20 de agosto de 2008, a las 22 horas y 54 minutos

DE CORRIDO. Me pierdo en un paisaje árido, con fondo de castañuelas y moscas. Al ritmo de Charles Mingus entro en Tijuana. Estamos a principios de los años sesenta, cuando el contrabajista negro aparece en la cantina, dispuesto a correrse una parranda. Dicen que es el mal de amores el que le ha traído a este pueblo fronterizo, donde los muertos no descansan ni en festivo.
Escucho su historia en silencio. Me sumerjo en el pozo de su voz negrona, en su contrabajo cuando calla y me inclino tanto que, al final, acabo enredado en las lenguas de borracho que afinan los instrumentos hasta arrastrarse por debajo de la puerta.
Con Charles Mingus llego hasta Tijuana. Siempre quise tocar lo que otros tocan, que al final siempre viene a ser lo que otros cuentan. En el jazz ocurre así, sólo que en Tijuana los sonidos se añilan con un puñado de balas. Y las pistolas se silencian con sordina.
Tijuana Moods se titula el disco que ahora me cargo a las orejas. Me va a ayudar a encontrar al fulano que espera en una habitación del hotel la llegada de una mujer. De él, decir que todavía es pronto para presentarle. A ella la conocemos ya. No es rubia, aunque lo parezca, y trae el brillo de la ambición en sus ojos de pantera.

Publicado el viernes, 15 de agosto de 2008, a las 23 horas y 08 minutos

LUBRICIDAD. Para la chica mala de esta Ciudad Canalla preparo un fondo de orquesta, golfo y sofisticado. Tomo el que construye Quincy Jones para dar forma al blues de la Pantera rosa. Está en el disco homenaje que dedicó a Mancini. Y cuando arranca el saxofón a soplar la frase con fuerza, una frase simple, de tan natural sencilla, pero con el demonio caliente de la carne, ahí, es cuando entra ella al hotel. Entonces la veo aparecer, sobre el ruido de sus tacones, como una pantera dispuesta a saltar sobre los despojos del próximo cliente.

Publicado el martes, 12 de agosto de 2008, a las 23 horas y 02 minutos

JACO. La década de los 70 fue una década de campanillas en lo que a descargas musicales toca. Muchos de los grandes trabajos discográficos se produjeron durante estos años. La música negra manchó con sus sonidos afrodisíacos el almanaque musical de entonces. Son un buen puñao los músicos setenteros que merecen aparte en esta Trinchera Cósmica.
En los últimos días, mientras reposo el trajín de la Pólvora Negra, paseo por la playa. Sin rumbo fijo me dejo llevar por los sonidos emputecidos del mejor bajista del mundo. Por lo menos para mí, Jaco Pastorius ha sido, es y será el más cabrón de todos.
Un buen día, Pastorius quitó los trastes a su bajo Fender Jazz Bass modelo de 1954, consiguiendo una sonoridad diferente y llevando el instrumento hasta lo más alto.
Cuando el bajista de Weather Report de aquel momento, Alphonso Johnson, abandonó la banda, Pastorius le reemplazó. A mediados de la década del 80, Jaco probaría el sabor de los infiernos. Se hizo vagabundo por las calles de Nueva York. En Abril de 1987, salió de la cárcel por randelar un coche y llevárselo hasta la pista de atletismo. Y lo primero que hace cuando sale a la calle es sabotear un concierto de Carlos Santana, donde tocaba Alphonso Johnson, bajista negrata a quien sustituyó en Weather Report. Fue expulsado del concierto a patadas y, no contento con la bronca, el Jaco se dirigió a un bareto donde el vigilante de seguridad, un fascista con puños americanos, le metió una paliza que le dejó en estado de coma. Pocos días más tarde Jaco Pastorius moriría. El valiente asesino sólo cumplió 4 meses de los 5 años que le cayeron.
Aprovecho esta Trinchera Cósmica para cagarme en los muertos del asesino. Anda y revientes, hijo de la grandísima puta.

Publicado el miércoles, 6 de agosto de 2008, a las 23 horas y 36 minutos

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Ilustración de Toño Benavides
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