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www.bestiario.com/mantenido
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RACISTA. «Tú también eres racista», comenta tarde o temprano alguien que piensa que te conoce. «No te van los extranjeros. Reconócelo. No te gustan ni los rumanos ni los chinos ni los magrebíes ni los negros», repite un familiar, un amigo, cualquiera. Y si no lo dice, lo piensa. Tiene más claro que el agua que se te ve el plumero, aunque vayas de progre concienciado o de cristiano de pro. Eres racista. Sí, como todos. Eso piensa. Da igual que largues rollos humanitarios sobre enseñar a pescar en vez de dar peces, o que repitas como un loro que la inmigración es el gran problema del siglo XXI, o que la cuestión clave de la agenda mundial son las relaciones Norte-Sur, o entre Occidente y Oriente. A pesar de que proclames que no te importaría que tus niños estudien «con ellos», ahora que los colegios están llenos de «gente de fuera», o que para ti no sería un drama que tu hijo se case con una mora, o tu hermana con un negro, alguien te dirá: «Tú también eres racista. Y mejor no hablamos de los gitanos, eso lo dejamos porque aquí aunque casi nadie lo diga en voz alta…»
Te sueltan este rollo. Últimamente, demasiado a menudo. Y a lo sumo te defiendes con frases hechas. Contestas que el ladrón piensa que todos son de su condición, por ejemplo. O les recuerdas que nuestros abuelos emigraron a la Argentina, a Suiza, a Alemania. O intentas dar la vuelta a las «justificaciones» económico-sociales (a eso de que dejan sin trabajo «a los de aquí»), diciendo que los inmigrantes están sacando las castañas del fuego a este pueblo envejecido y acomodado. Pero no te enfangas en una discusión razonada. Quizá, porque no cuentas con argumentos sólidos para conseguir algo bastante difícil: convencer a un racista o a un xenófobo de que sus ideas son abominables, detestables, una basura contagiosa que envilece esta sociedad ante la indiferencia de gente como tú.
Publicado el lunes, 2 de octubre de 2006, a las 10 horas y 43 minutos
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JULIO ANGUITA. En «El tiempo y la memoria», libro publicado por La Esfera que ha escrito con Rafael Martínez Simancas: « Antes de empezar el curso siguiente (1965-1966) e incorporarme a mi nuevo destino en Alicún de Ortega, viví una experiencia determinante. A petición de Balsera fuimos con un grupo de alumnos a una colonia escolar en Güéjar-Sierra, muy cerca del Veleta, en Granada. Tras la primera comida, los alumnos se pusieron malos: vomitaban, se encontraban fatal... y es que habían probado ¡albóndigas de carne!, un plato al que no estaban acostumbrados sus estómagos porque, sencillamente, no habían comido carne de verdad en su vida; en sus casas la alimentación era raquítica».
Publicado el martes, 3 de octubre de 2006, a las 9 horas y 15 minutos
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JUEVES. Un día. Otro. Otro más. Llega el jueves. Aún jueves. Cierras los ojos. Tragas aire, intentas tragar aire como si surgieras del fondo del mar después de bucear a pulmón en un mar paradisiaco. En la cocina no miras la pila de platos sucios mientras bebes un vaso de agua: estás en una playa. Abres el ordenador. Como ayer, como antes, como siempre. No imaginas nada. Curras.
Publicado el jueves, 5 de octubre de 2006, a las 16 horas y 00 minutos
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LO MEJOR DE LA SEMANA. Después de cenar, cansado pero relajado, se acordó: «En la boca hay una cosa muy difícil», nos dijo. ¿Difícil? Dimos por hecho que en el cole (primero de primaria, creo que lo llaman, tres añazos) les habían dado su primera clase de anatomía, y le empezamos a preguntar: ¿Los dientes? «No». ¿La lengua? «Tampoco». ¿El paladar? Se calló, pero... «Eso no. ¡Es muy difícil!» ¿Entonces qué es?, preguntamos. Pasaron cuatro, seis segundos, diez, hasta que, por fin, habló: «¡Las papilas gustativas!»
Publicado el viernes, 6 de octubre de 2006, a las 9 horas y 34 minutos
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ATRAPADOS EN EL ASCENSOR. Nos quedamos colgados ayer por la tarde. Nos agobiamos bastante, aunque no porque fuera domingo, ni porque vivamos en una casa sin portero, ni porque nuestro niño estuviera con nosotros: llevábamos la bolsa de basura, con nuestras sobras, siempre tan reveladoras, y un pañal bien cargado.
Publicado el lunes, 9 de octubre de 2006, a las 9 horas y 25 minutos
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EN EL PATIO. Casi todas las tardes llevo al churumbel al cole y voy a recogerle (me paso el día haciendo malabarismos para completar una jornada laboral). A la salida, nos quedamos en el patio. Se sienta en unos bancos metálicos verdes y merienda, como otros niños de primaria. Ayer una abuela quería hablar de algo más que de pan de leche y actimeles, y lanzó este guante, que nadie recogió, a la concurrencia (en ese momento dos o tres madres, otra abuela y este amo de casa): «Dicen que los inmigrantes están tirando el carro, pero aquí no veo a ninguno».
Publicado el martes, 10 de octubre de 2006, a las 9 horas y 37 minutos
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NÍCALOS AL MACARENO. Ingredientes, a ojo, para un par de buenos seteros: medio kilo de nícalos, pimientos (esta vez he usado un par de pimientos rojos, carnosos, de Górliz –allí no hay sólo panteras–, y cuatro o cinco pimientos del país –verdes, algo más grandes y más sabrosos que los del Padrón; también algunos pican y otros non, al menos los que mi querida suegra compra por docenas, he llegado a zamparme más de cien de una sentada–), tres dientes de ajo, un buen trozo de chorizo (y/o panceta y/o jamón), pimentón dulce, aceite de oliva, sal y algo picante (el Macareno añade la cayena en el plato, él se pone dos o tres por ración; este mediodía yo he seguido sus pasos, he añadido tabasco verde en el plato, no he puesto picante en la cazuela para que mi churumbel comiera unos cuantos).
Lavamos varias veces los nícalos en agua fría y los troceamos a mano. Los secamos en un trapo. Ponemos en el fuego una cazuela con dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra, fileteamos los ajos y los doramos ligeramente; agregamos el pimentón; incorporamos los pimientos, salamos, dejamos que se pochen cinco minutos y agregamos el chorizo y, al minuto siguiente, los nícalos; los guisamos con la cazuela destapada, a fuego más fuerte que flojo, durante siete u ocho minutos, añadimos la sal y luego los dejamos diez minutos más a fuego lento. Como tantos otros guisos, conviene prepararlos de vísperas, así que llegados a este punto tapamos la cazuela y nos aguantamos las ganas de hacer barcos hasta el día siguiente.
(Nícalos, sin ese, en mi casa nunca han dicho níscalos ni robellones)
Publicado el jueves, 12 de octubre de 2006, a las 17 horas y 21 minutos
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EN LA JUGUETERÍA. Estábamos comprando otro coche cuando escuchamos este diálogo entre una madre y un dependiente:
–¿Tenéis juguetes de motricidad?
–¿Perdón? ¿De los que encajan?
–Sí.
–Al fondo, por favor.
Publicado el lunes, 16 de octubre de 2006, a las 22 horas y 38 minutos
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BAILE. Aquella noche tan larga acabó al día siguiente. A eso de las cinco o las seis de la madrugada interrumpí una conversación que no recuerdo y apuré una bebida que no recuerdo para bailar una canción que no recuerdo en un bar que no recuerdo. Recuerdo, eso sí, que –seguramente por azar– acoplamos nuestros cuerpos y que, muy despacio, dimos vueltas y vueltas hasta que terminó la canción. Recuerdo que no dejé de admirar tus ojos, oler tu perfume y acariciar tu espalda. Recuerdo que aquella noche tan larga me pareció más corta que la canción que nos unió por primera vez. O sea, que ahora no me llames celoso. Anoche bailaste con otro.
Publicado el jueves, 19 de octubre de 2006, a las 9 horas y 18 minutos
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CUERNOS. No me gusta ser infiel (y, si me gustara, jamás lo reconocería). Desde que vamos al cole «de los niños grandes» me pilla de paso una frutería a la que nunca he querido entrar, para no liarme, es decir, para no ponerle los cuernos a mi frutero, un tío que me cae bien y que me cuida. Pero ayer no pude resistirme: mi frutero no vende nícalos (los de la receta del otro día me los había comprado mi hermana, en otro sitio). En fin, debo confesar que entré, y que no sólo compré setas. Volví a casa cargado y con remordimientos, casi arrepentido.
Publicado el viernes, 20 de octubre de 2006, a las 9 horas y 35 minutos
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DOS CERO. Ganó el Madrid. Ganamos los raulistas, esa secta que parecía en vías de extinción. No vi el partido. Podría decir porque no quise, o porque no pude, pero podría haber bajado a un bar o haberlo comprado o hacerle caso un amigo que me contó nosequé sobre una manera de verlo en una web china. No me apetecía verlo. O no lo suficiente como para hacer alguna de esas tres cosas. En cambio, las dos horas siguientes me tragué el debate de la Sexta, el gallinero del Rondo y las entrevistas a jugadores y técnicos que emitían en Real Madrid Televisión. Más que el fútbol, me gusta el furbo.
Publicado el lunes, 23 de octubre de 2006, a las 15 horas y 05 minutos
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MIEDO, LO QUE SE DICE MIEDO. Voy al dentista (tengo consulta dentro de media hora), aparentando tranquilidad, como si fuera a la frutería o al banco. Sin pensar en la jeringuilla de la anestesia (que no siempre anestesia todo lo que nos gustaría), sin pensar en el torno, sin pensar en que intentaré pensar en otras cosas mientras hurgan.
Publicado el jueves, 26 de octubre de 2006, a las 10 horas y 58 minutos
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MI VIDA COMO UN CHINO. Nació el 1 de enero de 2005. Murió (o, mejor, digamos que está clínicamente muerto, quién sabe si se puede sobrevivir a eso, algún día) ayer. Pero Mi vida como un chino, como Diario de una tigresa, la otra bitácora de Bestiario que ya no se actualiza, no ha sido enterrado. Podemos continuar leyendo a Matías Bruñulf, mientras le echamos de menos.
Publicado el viernes, 27 de octubre de 2006, a las 13 horas y 11 minutos
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UN PINCHE DE TRES AÑOS. Domingo por la mañana. Con el cambio horario, en pie a las ocho y media. Veinte minutos más tarde, mi niño se sube a la banqueta para ayudarme a preparar un bacalao al pil-pil (antes de ver Tarzán y de bajar con el balón nos dará tiempo para cocinar carne con pimientos y un cocido de garbanzos que hemos puesto a remojo la noche anterior). La receta no tiene importancia, seguí paso a paso la de un libro, ni tampoco (salvo para mí) unas palabritas que me han alegrado el día, unas palabritas de culebrón que repito aquí para no olvidar nunca la escena: estaba pelando ajos cuando me ha agarrado el brazo y, sin venir a cuento, me ha soltado: «Papá, yo te quiero mucho, no te vayas nunca de mí».
Publicado el domingo, 29 de octubre de 2006, a las 18 horas y 27 minutos
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ANTES DE ARRANCAR. Detrás de mí, en el autobús de la siete de ayer, una señora cincuentona hablaba con su marido mientras leía el periódico.
Ella: Mira el Lotina dónde se ha metido.
Él: Pues le va a ir bien...
Ella: ¿Sabes a quién querían poner?
Él: ¿En la Real Sociedad?
Ella: Sí. A Del Bosque.
Él: ¿Lotina entrenó al Mallorca?
Ella: Creo que sí.
(...)
Ella: Mañana juega el Barcelona.
Él: Si pierde, kaputt, cuatro puntos de doce.
Ella: A ver qué pasa...
Publicado el martes, 31 de octubre de 2006, a las 10 horas y 56 minutos
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