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AVENTURA COTIDIANA. Escenario. Una barbería, el cilindro con la triple espiral blanca, roja, azul, espejos en una de las paredes, en la contraria sillas que hoy vuelven a ser modernas otra vez, revistas que alguna vez fueron actuales, páginas que alguna vez fueron blancas, lociones, espumas, gominas, lacas, champús, con nombres tan poco conocidos que por fuerza deben ser líneas profesionales. La luz entra difusa, el neón crepita, se oyen pasos lejanos, la emisora oficial de las barberías suena en el ambiente, sólo la voz del locutor dando el boletín de cada hora.

Primeros planos. La víctima. Cabeza echada hacia atrás, el cuello rojizo, ofrecido, las manos temblorosas, tensas, en el reposabrazos de cuero marrón y falso, el babero con restos de hoy y de ayer. El verdugo. Navaja en mano sobre cuello ajeno, una mano la sujeta, la otra aguanta la cabeza, ambas seguras, conociendo el oficio, sabiendo lo que van a hacer.

Primerísimos planos. El filo de la navaja sobre el cuello, los poros, una incipiente gota de sangre, sudor en la sien, las pupilas nerviosas que van de la cara del verdugo, al neon, al cilindro tricolor, de vuelta al verdugo, los labios se aprietan lentamente esperando lo inevitable, mandíbula tensa, uñas clavadas en el cuero, la mirada cruel del verdugo.

Instante eterno.

Después, la cuchilla rasura, termina el afeitado perfecto, una vez más, como cada día. La víctima suspira aliviado. Le gusta venir a esta barbería porque lo hacen bien, pero sobre todo porque le es más fácil ponerse en el papel. Cuando todo acaba, suspira, se siente aliviado, paga y se va.

El verdugo extiende la mano, recibe el dinero, sonríe cordial, despide afable, y mira lo cobrado. Otra vez no ha dejado propina. Cualquier día...

Publicado el jueves, 27 de marzo de 2008, a las 10 horas y 29 minutos

IVÁN HA VUELTO. Mentiroso, mentiroso me lo ha traido de nuevo.
/start "Crítica-Opinión personal"
No dije nada de Las siete y media porque no me gustó en absoluto. Pero sabía que tarde o temprano volvería, aunque aún no al nivel de Canciones para el amor y la distancia.
/end "Crítica-Opinión personal"

Iván ha vuelto. A ver cómo me lo quito de encima ahora...

Publicado el jueves, 27 de marzo de 2008, a las 9 horas y 43 minutos

LEER Y ESCRIBIR. El joven anhelaba aprender a leer y escribir - anhelaba hablar - supremamente bien en su propia lengua. No tuvo oportunidad con el pomposo profesor. Sus redacciones eran todas evaluadas con un "bien", "razonamiento excelente", cuando él ya sabía que eran agua sucia. Y salvo la corrección de errores gramaticales graves, ¿qué obtuvo de aquel tipo de "calificación"? Simplemente nada. El inglés continúa siendo hasta hoy más o menos un misterio. Nunca se le enseñó por qué el inglés es inglés; qué es lo que hace al inglés ser distinto de otras lenguas, y qué peculiares y singulares fuentes hacen "hablarlo". Cuáles son sus limitaciones y cómo estas pueden ser convertidas en ventajas. Se le dejó solo para que las encontrara, si es que podía, y sin un material adecuado con el que poder trabajar.


Autobiografía, Frank Lloyd Wright

Publicado el miércoles, 26 de marzo de 2008, a las 9 horas y 31 minutos

EVOLUCIÓN. Todas las mañanas sus sábanas lo abrazaban como abraza una boa, él era el guisante en la vaina, el palo en el torniquete. Todas las mañanas tenía que pelearse contra ellas, deshacer su abrazo, romper la vaina. Todas las mañanas empezaba su día cansado, sin fuerzas, exhausto. Ninguna mañana lograba explicarse porqué.

Hasta que descubrió que siempre giraba en el mismo sentido.

Publicado el martes, 11 de marzo de 2008, a las 9 horas y 07 minutos

DISTANCIA. .

(Del lat. distantĭa).
1. f. Espacio o intervalo de lugar o de tiempo que media entre dos cosas o sucesos.
2. f. Diferencia, desemejanza notable entre unas cosas y otras.
3. f. Alejamiento, desvío, desafecto entre personas.
4. f. Geom. Longitud del segmento de recta comprendido entre dos puntos del espacio.
5. f. Geom. Longitud del segmento de recta comprendido entre un punto y el pie de la perpendicular trazada desde él a una recta o a un plano.

Publicado el miércoles, 6 de febrero de 2008, a las 2 horas y 18 minutos

ALFRED Y FRANÇOIS. Apenas acabo de empezar el libro ayer mismo, sólo llevo leídas unas cien páginas, y mis sospechas empiezan a confirmarse: El cine según Hitchcock, donde François Truffaut transcribe una serie de conversaciones mantenidas con Alfred Hitchcock, es el mejor libro de arquitectura que he leído nunca.

Concretamente es el mejor libro que habla sobre el desarrollo de un proyecto arquitectónico que he leído nunca. Y después de once años de carrera (aún inacabada), me ha dado tiempo a leer bastantes, y a escuchar bastantes teorías al respecto, expuestas por las mejores cabezas pensantes del planeta Arquitectura. Lo escribo con mayúsculas porque ellos lo hacen; yo todavía tengo mis dudas de si es con mayúscula siempre, o sólo debemos guardarnos la letra capital para ocasiones especiales.

Ellos, Alfred y François, nunca nombran la palabra arquitectura, o al menos por ahora no lo han hecho. En cambio no hacen nada más que hablar de comunicación, ritmo, distancia, composición, tiempo, comprensión, sensibilidad, y para llegar a estos fines utilizan medios como la planificación, precisión, experiencia, investigación. No hay hierros, pero sí estructuras, no hay cemento, pero sí construcción, no hay madera, pero sí creación de ambientes. El único nexo directo de unión es la luz, y ellos la utilizan siempre de manera mucho más inteligente, más precisa, más intencionada, más bella. Como casi todo. Por ejemplo:

François Truffaut: Creo que se trata no sólo de clarificar sino también de simplificar, de tener el espíritu de simplificación y a este respecto me pregunto si no hay dos clases de artistas: los “simplificadores” y los “complicadores”. En este caso se podría decir que entre los complicadores hay grandes artistas, buenos escritores, pero que, para triunfar en el campo del espectáculo, es preferible ser “simplificador”. ¿Está usted de acuerdo?

Alfred Hitchcock: Es esencial porque es preciso, incluso, poder sentir en sí mismo las emociones que se quieren lograr del público. Por ejemplo, las personas que no saben “simplificar” no pueden controlar el tiempo del que disponen, se inquietan abstractamente y sus
vagas inquietudes les impiden concentrarse en las preocupaciones precisas, de la misma manera que un mal conferenciante se perturba porque se está observando mientras está hablando y pierde el hilo de su discurso.

Cuando ellos dicen triunfar en el campo del espectáculo se podría suponer que esto es un hecho no deseable, un comentario despectivo, pero no es así. Hitchcock ponía al público siempre por delante, su mayor deseo era romper la distancia existente entre película y espectador, pasar de la mera comunicación a la empatía. Por tanto, cuando ellos hablan del espectáculo en realidad están hablando de la sublimación del hecho comunicativo, de la transmisión directa de sensaciones. Y por supuesto, “simple” no es sinónimo de “sencillo”, ni de “vacío de contenido”.

Este extracto parece que habla de cine, pero en ningún momento lo mencionan. El único ingrediente que le da carácter cinéfilo al asunto es la identidad de ambos personajes. Prueben a leer el texto otra vez, pero olvidando que son Hitchcock y Truffaut. Mis profesores muchas veces han intentado explicarme conceptos similares, casi todos ellos sin éxito. Primero pensé que era mal alumno, luego descubrí que los que no lo lograban eran malos profesores.

Ahora sé que esos malos profesores eran “complicadores”. También sé que encontrar un buen profesor es casi más difícil que encontrar un buen arquitecto. O un buen escritor.



P.D: Quiero agradecer a la maravillosa compañía aérea Iberia la posibilidad que me dio de escribir este texto en sus instalaciones. Este texto y todo lo demás que me dio tiempo a hacer desde que entré en el aeropuerto de Alicante a las 12h y llegué al de Barcelona a las 21h...

Publicado el sábado, 15 de diciembre de 2007, a las 10 horas y 15 minutos

ALFRED. .

Este hombre, que ha filmado mejor que nadie el miedo, es a su vez un miedoso, y supongo que su éxito está estrechamente relacionado con este rasgo caracterológico. A todo lo largo de su carrera, Alfred Hitchcock ha experimentado la necesidad de protegerse de los actores, de los productores, de los técnicos, porque el más pequeño fallo o el menor capricho de cualquiera de ellos podía comprometer la integridad del film. Para Hitchcock la mejor manera de protegerse era la de llegar a ser el director con el que sueñan ser dirigidas todas las estrellas, la de convertirse en su propio productor, la de aprender más sobre la técnica que los mismos técnicos... Aún le faltaba protegerse del público y para ello Hitchcock acometió la tarea de seducirlo aterrorizándole, haciéndole reencontrar todas las emociones fuertes de la niñez, cuando se jugaba al escondite tras los muebles de la casa tranquila, cuando estaban a punto de atraparte en la "gallina ciega", cuando por las noches, en la cama, un juguete olvidado sobre un mueble se convertía en algo inquietante y misterioso.


El cine según Hitchcock, François Truffaut

Publicado el viernes, 14 de diciembre de 2007, a las 9 horas y 42 minutos

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Ilustración de Toño Benavides
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