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PROBLEMÁTICO Y CONFLICTIVO. Así me describió mi casero. También como el único que se queja o el que provoca todos los problemas. Y también me dijo que se alegraba de que este fuera el último mes que estamos en su piso.

Describiré someramente mi aspecto actual, que se supone amenazador: 1'65m de altura, unos setenta kilos distribuidos de forma no-atlética, pelo lacio, moreno y cada vez más escaso, ojeras perennes, barba que para otros es de una semana pero que lleva conmigo cuatro, y casi siempre que mi casero aparece, llevo un aterrador pijama de rayas y chanclas. Es lo que tiene trabajar en casa, que da pereza vestirse.

Y cuando ayer le llamé para decirle que la bronca que vino a echarnos al piso no me parecía bien, me soltó lo de problemático y conflictivo. Supongo que sí me excité más de la cuenta.

Si sólo habíamos tenido un par de apagones de luz, un calentador que funcionó mal durante dos meses, que acabó rompiéndose y que tardó en repararse sólo una semana, semana durante la cual tuvimos el placer de ducharnos con agua a diez grados, la conexión a internet defectuosa, la instalación de calefacción inutilizada mientras se reparaba una pequeña gotera que venía del piso de arriba, muebles que tenían que llegar en una semana y estaban transcurridas seis, el lavavajillas que tenía la instalación incompleta (y por tanto era inútil), y alguna cosa más, como reparaciones que se suponía debíamos tener en días y tardaron en llegar semanas, ventanas y persianas nuevas también con retraso, o la ausencia de mampara del baño que nos obligaba a remojarnos acuclillados para no manchar (con el calentador roto, recuerdo, pero eso sí, cuidando de que el parquet no se mojara).

Supongo que sí soy problemático, y que me pongo nervioso por nada. Si sólo habían sido dos meses de problemas sucesivos, de cosas que deberían estar y no estaban, cosas que debían funcionar y no lo hacían. Al fin y al cabo la casa no deja de ser suya, y nosotros sólo pagamos setecientos (700) euros por una habitación en un piso compartido con cinco personas más, siete en total.

¿Qué pretendemos? ¿Tener además derecho a quejarnos?

Publicado el lunes, 10 de diciembre de 2007, a las 1 horas y 30 minutos

LEJOS, CERCA. No sé lo que será, si la tecnología o la edad, pero las distancias no son lo que eran. Las cosas, las personas, pueden estar lejos físicamente, pero las siento cerca. Puede ser que hace mucho tiempo que no las haya visto, o poco, es igual, están conmigo.

Es el tiempo lo que cada vez percibo de peor manera. Hace bastante que empecé un proceso que parece que sigue avanzando. Ante la imposibilidad de recordar fechas, decidí dejar de hacer el esfuerzo. Ante el estrés que me provocaban los plazos reducidos, ante la depresión que me producía ver cómo fases de mi vida supuestamente cortas se dilataban hasta el infinito, dejé de pensar en ello. Decidí, más bien de forma inconsciente, no contar mis días, mis meses, mis años.

Determinadas particularidades de mi vida han facilitado esta tarea. El no tener un horario fijo de trabajo, ni unos días determinados a la semana, impide que marque un ritmo socialmente normal de siete días. El no tener un horario fijo de sueño, el alternar rachas de dormir con relativa facilidad o ver amanecer sin poder haber pegado ojo, hace que la frontera entre días sea también bastante sutil y difusa.

Tengo tanta facilidad para recordar determinadas cosas, como para olvidar otras. No hay un criterio concreto, pero sucede invariablemente.

El resultado es que la vida se comprime. Todo sucede aquí y ahora, y todos están conmigo.

Publicado el martes, 4 de diciembre de 2007, a las 11 horas y 25 minutos

INFANCIA. Mi calle, la cuesta abajo, los raíles del tranvía entre el adoquín, la estación de tren a dos manzanas, el final del mundo conocido. Los autobuses que, cuando pasaban, interrumpían un juego, normalmente el fútbol, pero daban pie a otro, lanzar la pelota sobre el autobús para que el compañero la cogiera al otro lado. Las pelotas que se fueron sobre el techo del autobús. Mis gatos, mi perro Sento, mi perro Ulises, que me arrastró de la correa unos buenos metros sobre tierra. Alguien que me robó mi cadena de oro donde ponía que soy alérgico a la penicilina a hostias. Los yonkis cruzando el parque mientras se preparaban el pico. Mi vecino con muletas y una sola pierna, y el túnel que improvisaba bajo la ex-pierna. Libros y cómics en otras casas ocultos y prohibidos, en la mía dispuestos a ser leídos, pese a que no entendía casi nada de lo que leía. Las partidas interminables de Risk (el que perdía no volvía en semanas), alguien que tocaba un saxo, alguien que tocaba la guitarra, alguien que dibujaba historietas. Alfonso y sus remedios contra la gripe, Alfonso y sus juegos inventados, Alfonso y las castañas. La casa cada vez más grande, el patio cada vez más pequeño, la obra eterna. La cortina de macramé. Las inundaciones. Mi amigo David, su hermano Santiago, mis primos Ernesto y Eric. Los juguetes hechos por nosotros con madera, las pistas de canicas con tuberías, correr por los tejados, la vuelta a la manzana de chapas (siempre coincidiendo con la vuelta a España). Tomás y Caturla. El quiosco de Urios. Doña Benita, Carmen, y don Salvador. Micho uno y Micho dos. El ajedrez, la biblioteca y las mascotas de clase, hacer las montañas del belén del colegio con papel de periódico y la mezcla de cola blanca y agua.

Mi madre, su sonrisa, su risa. Mi padre, su barba, larga, sus chanclas. Su risa también.

Lejos, cerca.

Publicado el lunes, 26 de noviembre de 2007, a las 4 horas y 29 minutos

ESTÁNDAR. .
- ¿Tú ya has estado por aquí, verdad?

Tras mirarme varias veces dudando, el camarero se decidió a preguntar. La respuesta fue que no, que nunca había estado en ese restaurante. Donde sí que había estado era en una situación similar.

Me ha pasado en Barcelona, me pasó en Alemania, en Alicante en varias ocasiones. Todo el mundo tiene algún amigo, algún conocido, que es increíblemente parecido a mí. Todo el mundo, por lo tanto, me reconoce. Mi cara les suena, les resulto familiar, o directamente, soy esa persona.

Supongo que soy un producto en serie, y no ese ente individual e irrepetible que se supone que somos todos. No soy el copo de nieve que no tiene igual, sino el cubito de hielo de una cubitera.

Soy estándar. Pero me divierte.

Publicado el jueves, 8 de noviembre de 2007, a las 11 horas y 31 minutos

¿QUERÉS SERVESA? [O lo que te dice un vendedor de cerveza pakistaní, perdón, vendedor pakistaní de cerveza (sea cualquiera su procedencia), residente en Barcelona, que ha aprendido su español (o castellano, según gustos) hablando con un argentino]

Publicado el sábado, 3 de noviembre de 2007, a las 1 horas y 39 minutos

THE FOUNTAIN. Película. Título traducido, La fuente de la vida. No me gusta el cambio. Director, Darren Aronofsky. Antecedentes conocidos, Pi, Réquiem por un sueño. No tienen nada que ver. Esto es otra cosa totalmente diferente, salvo que nos pongamos a buscarle los tres o cinco pies al gato.

Película extraña, subyugante, con banda sonora preciosa del fiel Clint Mansell, imágenes de cuento, muchas licencias (una España más, esta no la conocía), muchas lecturas. Película de las que permanecen, te pudo gustar más o menos, pero es imposible que no te vuelva a la cabeza.

La recomiendo, aunque eso pueda no significar mucho, y recomiendo que no se lea ni se escuche nada sobre ella, así que si has llegado hasta aquí, ya no me has hecho caso.

Publicado el martes, 23 de octubre de 2007, a las 19 horas y 50 minutos

WENDY ESCRIBIÓ. Y wendy cosió a los pies de Peter Pan su propia sombra. O al menos eso dijo Wendy.

Lo cierto es que la sombra ya llevaba muchos años con Peter. Le había seguido fiel a cualquier parte. Había andado, nadado, corrido, volado, jugado, había peleado, luchado contra piratas, había reclutado a los niños perdidos, construido guaridas. Había recorrido Nunca Jamás de cabo a rabo, había jugado con Campanilla y le había dado de comer reloj al cocodrilo. ¡Hasta había ayudado a dejar al Capitán Garfio sin mano, y con garfio!

Y tras años de repetir hasta el más mínimo movimiento de Peter, decidió que ya bastaba. Ya lo había hecho todo y lo había visto todo.

Había aprendido a andar, nadar, correr, volar, jugar, había aprendido a pelear, a luchar contra piratas, había aprendido a reclutar a los Niños Perdidos, a construir guaridas. Había sido la sombra de Peter Pan durante mucho tiempo, había repetido cada uno de sus movimientos. Había sido la sombra de Peter Pan durante demasiado tiempo, y Peter no le podía enseñar nada nuevo. Y decidió irse. Y lo hizo.

Porque tras todo ese tiempo, la sombra de Peter Pan era mejor que el propio Peter Pan. Nadie la podía parar, ni siquiera su maestro, y mucho menos contando tan solo con la ayuda de una niña malcriada, acostumbrada al lujo y la comodidad. Y se fue.

Wendy escribió que había cosido la sombra de Peter Pan a sus pies.

Y Peter Pan no volvió a tener sombra.








* Mi amigo David F. está a punto de ser arquitecto. Me contó la historia de su proyecto final de carrera, y me animó a, o me pidió que, escribiera un texto introductorio para él. Y eso es lo que leéis. Gracias David, enhorabuena David.

Publicado el jueves, 4 de octubre de 2007, a las 19 horas y 11 minutos

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Ilustración de Toño Benavides
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