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LA NOCHE II. Comenzaba el número de madrugada. El presentador acababa de anunciarlo. No sé exactamente lo que dijo porque M y yo teníamos una peonza del catorce pero a mí me sonó así más o menos:

-¡ Con ochenta y cinco kilos de peso, perteneciente a los pesos medios y llegado recientemente de su exitosa gira por América, con todos ustedes Fulanito de Tal... !

El maestro de ceremonias mantenía la mano del micro pegada al pecho para no ocultar la boca, lo cual indicaba profesionalidad, con la derecha agarraba el cable para no tropezar con él, detalle de soltura en las tablas y la corbata le caía displicente sobre la barriga, signo de relajación.
Pero Fulanito de Tal no acababa de salir y algunos paroquianos animaban al artista que o llegaba tarde o estaba meando.

Finalmente desde algún punto de la penumbra del local surgió un cóctel humano mezcla de Rappel, Ambar (ex Tamara) y el pianista de Parada, todo en la misma persona. Rubio oxigenado, vestía una camisa ceñida de estampado lisérgico y de la cintura para abajo todo era piel de serpiente: pantalón muy ajustado y botas camperas.

Aterrizó en la pista como un legionario del arte, dispuesto a darlo todo por el público y sonreía un poco como pidiendo perdón por la demora.
Nos cayó bien al instante.

El repertorio lo componían, como no, los éxitos del momento. Artistas de expositor de gasolinera. Puro top-manta. Cuando les tocó el turno a las de Bisbal ya estaba lanzado y se había hecho el amo. Aplaudíamos a rabiar, completamente entregados porque al principio el tío estaba un poco cortado y además no dejaba de sonreír ni cuando pronunciaba la “u” de “Bulería, Bulería”.

Reservaba su mejor baza para el final.Empezó a sonar: “Quien es ese hombre...” y el local estalló de entusiasmo. Nos dejamos las manos aplaudiendo y la garganta gritando ¡bravo!

Sobre su piel de serpiente,agotado, embriagado por el triunfo, llovían claveles.

Publicado el miércoles, 23 de noviembre de 2005, a las 16 horas y 29 minutos

LA NOCHE. El local se llama “La Noche”. Es una de esas joyas que ha descubierto M en sus patrullas nocturnas. Está situado en la calle Segovia, bajo el viaducto y su letrero de neón azul es probablemente, una de las últimas cosas que veían los que se tiraban desde lo alto antes de la época de las mamparas “piénsatelomejor”.

Naturalmente iba advertido y aunque estaba preparado para todo, me cegaron los espejos y dorados al franquear la puerta. Varios grupos y parejas sesteaban y reían repartidos por el amplio reservado de butacas de terciopelo rojo. En la pista no cabía un alfiler. Aún así, los que bailaban, se movían con la suficiente holgura como para adornarse sin molestar. Creo que éramos los más jóvenes del local e intentábamos sacar barriga para no desentonar. Cuando la camarera nos preguntó: ¿Qué tomáis cariños? Le dije a M: eres un gran amigo.

Aquel nos pareció un mundo bastante macho, donde las mujeres, es decir, las señoras, visten piezas exclusivas de “boutique” de barrio y zapatazos de tacón de aguja con incrustación de brillantes de cristal. Donde los tíos, es decir, los señores(o los cariños)lucen el “colorao” en el cuello y si te dan un puñetazo te dejan marcados cuatro anillos y una alianza. Donde los pelos del pecho escapan entre los botones de una camisa ajustada al riñón y los relojes pesan medio kilo. Donde todo el mundo baila bien la rumba y no hace como que sabe, que es lo que hago yo.

Eran las cuatro de la madrugada y aún faltaban un par de horas para que el sitio quedase contaminado por otro tipo de público. Para M y para mí, que estamos hasta los cojones de sitios trufados de clase y diseño,”La Noche” es el paraíso.
-No sé si voy a saber contar todo esto-le dije, cuando un personaje sacado de un cuadrilátero de boxeo anunciaba una actuación en directo.
-Cuéntalo en dos partes-sugirió M muy atinado, porque cuando salió el cantante sentí no tener una cámara a mano.

Y estábamos sentados en primera fila.

Publicado el martes, 22 de noviembre de 2005, a las 8 horas y 27 minutos

EL HOMBRE DE LA GRÚA. El hombre de la grúa, a tantos metros de altura y bañado por mares de luz, ha perdido la noción del tiempo. Ebrio como un derviche, la mente se le ha vuelto gelatina.

¡Tantas vueltas, tragado por el sol!

¡Qué suerte no tener que bajar! Basta con apretar de nuevo el botón del vértigo, y el baile continuará a derecha e izquierda sin que nadie pregunte más.

Cuando el hombre de la grúa baje, sus piernas vacilarán sobre el suelo, pero entonces, yo le esperaré lo bastante borracho como para ayudarle sin que el ritmo de los pasos le resulte extraño.

Publicado el lunes, 14 de noviembre de 2005, a las 20 horas y 19 minutos

UN PAÍS DIABÉTICO. Con cuatro horas de vida y bajo la expectación babeante de todos los periodistas que hacían guardia a las puertas de la clínica Ruber Internacional, doña Leonor, cagó una flor.

Publicado el martes, 1 de noviembre de 2005, a las 2 horas y 28 minutos

OJOS QUE NOS VEN... La casa, en el barrio más caro de la ciudad, estaba deshabitada. Tres plantas con fachada neomudéjar en ladrillo rojo y tejado pinchanubes erizado de buhardillas de las que esconden apolillados secretos de rancias familias decimonónicas.

-Es la casa de aguas- dijo alguien, pero no supo explicar por qué. Para mí estuvo claro al instante. La casa estuvo, en algún momento, esculpida en agua desde los cimientos a la veleta, en tonos azules y plateados, con las paredes acusando la vibración de la superficie de un lago en un día frío.

Nos colamos allí sin permiso, en pleno día, a través de un pequeño jardín contiguo que estaba muy descuidado.
En la casa de aguas vivía un centenar de maniquíes, apiñados unos contra otros, en pequeños grupos, tirados en el suelo, detrás de las puertas, en la cocina, en los dormitorios, en fila india a lo largo de pasillos estrechos.
Allí dormitaban en penumbra, hablándose al oído, mirando de reojo a los entrometidos, blancos y desnudos como gusanos ciegos.
En el amplio salón de la casa un grupo de ellos parecía dispuesto para un baile a oscuras y en silencio.
Algunos estaban incompletos, mancos como estatuas griegas, exhibiendo muñones de cartón piedra.

En un rincón varias cabezas nos miraban indefensas desde el suelo.
Uno de mis amigos hundió el pié en la que tenía más cerca.
-Los ojos, lo mejor son los ojos-dijo y se dedicó a destrozar el resto de la cabeza para desprender unos ojos de cristal que no sabían dónde mirar con tanto golpe.
Aquellos maniquíes con el paladar pegado a los dientes, clavados al suelo por sus tacones, con el pelo injertado creciendo áspero como un campo de trigo, con la sonrisa congelada en un perpetuo rigor mortis, imitaban en cristal inflado los más mínimos defectos del ojo humano.
Todos hicimos lo mismo y, después de un rato, sólo cuando fuimos conscientes del ruido que estábamos haciendo, cesó la matanza.
Abandonamos la casa a toda prisa, envueltos en una nube de polvo, pensando que alguien podía habernos oído.

Nadie reparó en nosotros y cuando alcanzamos la calle lo único que nos quedó fue la sensación de estar huyendo del lugar de un crimen.

Desde la oscuridad del interior de nuestros bolsillos, los ojos seguían mirando.

Publicado el miércoles, 26 de octubre de 2005, a las 19 horas y 25 minutos

CENTAUROS. Como cada mañana, los centauros se disputaban el turno de entrada en la autopista.

Uno de ellos se detuvo en el arcén buscando en su memoria cierto detalle de su infancia. Una imagen que había vislumbrado en sueños y que no quería perder.

El ruido en la carretera era demasiado intenso y no pudo recordar.

Finalmente se puso en marcha, aceleró hasta igualar su velocidad con la del resto del tráfico y se perdió en la circulación.

Publicado el lunes, 17 de octubre de 2005, a las 20 horas y 34 minutos

BOMB,SWEET BOMB. Todas las noches sueño que un artefacto nuclear estalla en el jardín de mi casa.
La cosa ocurre así: Estoy disfrutando de una comida con invitados que visten prendas de colores pastel. Amigos del club de tenis que nos cuentan lo de su viaje a Indonesia.

El perro salta por una pelota que le lanzan los niños. Reímos con el sol en la cara. Pasa un avión muy alto por encima de nosotros. Suelta una bomba o se le cae, no lo sé. Viene directa hacia mi pero no tengo miedo. Me relaja ver como se acerca. Es la mejor sensación del día y entonces suena el despertador.

Vivo en el norte. Tengo un chalet de dos plantas con piscina y jardín a quince minutos del centro. Mi trabajo en un importante bufete me asegura una pasta aunque apenas me deja tiempo libre.

Mi mujer es diseñadora de interiores. Bastante atractiva físicamente. Rubia, metro setenta, bien proporcionada, se cuida.

Jugamos al tenis un par de veces por semana en un centro deportivo de nuestra zona que además organiza divertidas fiestas.

No tenemos hijos pero no lo descartamos en un futuro próximo. Para compensarlo mantenemos tres coches y un perro.

Antes leía un poco en la cama pero ahora me acuesto temprano porque madrugo mucho y he perdido la costumbre.

Duermo bien y nunca tengo pesadillas.

Publicado el viernes, 14 de octubre de 2005, a las 18 horas y 06 minutos

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Ilustración de Toño Benavides
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