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CARLINHOS:. usted me supera por la derecha y por la izquierda. Dudo que incomodase a sus vecinas usuarias de la Empresa Municipal de Transportes de Madrid, pero pongo el churrasco en sus manos y, si usted dice que el chorizo criollo está a punto, servidor se fía, aunque por mí no deje que la carne noble pierda su rojez. Tanta ternura me trae ahora a la cabeza a Elodie Bouchez, habitando un veraniego vestido sobre una pradera del profundo sur estadounidense: échele un vistazo a Too Much Flesh (Demasiada Carne), de Pascal Arnold y Jean Marc Barr (sí, el protagonista de El Gran Azul o Europa, y actor fetiche de Lars Von Trier). El rojo de Elodie es diferente al de Irène, más -dentro de su sencillez- sofisticada, apenas como la tilde al revés: I-rè-ne.

Y no recuerdo si fue Rojo o Blanco, pero no Azul. La primera entrega de la trilogía la vi solo, como debe ser, y la sensación de ahogo, pero también de alivio, aspire/expire, todavía está ahí, como un trozo de pan que no se quiere desprender de las faldas de su garganta.

En todo caso, esas cosas no se follan. Serían las hormonas, tan alegres ellas, por entonces.

Recibe un fortísimo y blanco abrazo,

Matías

Publicado el viernes, 25 de agosto de 2006, a las 18 horas y 53 minutos

DESDE EL JARDÍN DE SOO WONG.... En este Carnet de Voyage, tengo un nuevo calendario del 2005, y dentro de 30 noches subiré por los acantilados del océano donde las casas visten un abrigo de pizarra para formar un camaïeu de grises típicos de los climas templados. Pienso en Chinaflat y sus excusados, en las paredes frías de un invierno británicomounchino. ¿Podríamos compartir un viento, una ráfaga, una tormenta celta, un arroz chino, un sake or a nice cup of tea de mil flores o canela, una paella o prefieres horchata y, si no hay, pues una guinness o mi propia agua?

Sobre mis ruedas tengo un viejo mapa de 1976, pero no sé si con eso podría yo hacer como don quijote, viajar por tierras en busca de...


De la metabitácora rasgada de Hunot.

Publicado el viernes, 25 de agosto de 2006, a las 5 horas y 39 minutos

POLAQUITO, DIMINUTIVO DE POLACO.. Dado que ya vi unas tres o cuatro veces No amarás, me asalta la duda de si tengo o no ganas de volver a ver cómo cae la botella de leche en la mesa de la Mrs. Robinson polaca. No sé por qué voy a dar con mis retinas en el pésimo trabajo de un hiriente reportero de la BBC sobre Michael Jackson y, cuando me dispongo a averiguar cuál será la película que seguirá a la de Kieslowski, emitida por Telecine Cult, me doy cuenta de que me estoy perdiendo un documental en el que el director de La doble vida de Verónica destripa Tres colores. Hay personas que gustan de Blanco por encima de Azul o Rojo. No sé cuál prefiero de estas dos últimas, quizás la primera, aunque estaría bien un segundo visionado, a poder ser en pantalla grande.

Cuando los tiempos de Chinaflat, acudí durante un par de semanas a los londinenses Riverside Studios, en Hammersmith, para ver un ciclo de Kieslowski, lo que me permitió conocer los filmes proletarios de sus inicios, antes de que Francia le abriese las puertas, y algún capítulo del Decálogo. Recuerdo ahora el de los sellos, y éstos me llevan al chocolate griego, este país se va a la mierda. A todo esto (y aprovecho para cruzar el Río de la Plata después de apearme en Constitución, donde El Polaquito tangueaba), ¿qué hace la apocada señora a la mañana siguiente?

Antes de responder, digan todos: Whisky.

Publicado el viernes, 25 de agosto de 2006, a las 4 horas y 58 minutos

TE HE ESCRITO.. Ese sentimiento del paso irremediable del tiempo que me acompaña desde no recuerdo cuándo. La sensación de que todo pasa muy deprisa, pero con sutileza y disimulo, como si cada día tuviese veinticuatro horas pero, todas sumadas, meses después, apenas ocupasen un par de páginas del calendario. Estoy bien. Contento. En tránsito. Y no me refiero a un estado meramente físico. Dentro, el deseo acolchado, vago, de seguir aquí. Y de marchar muy lejos, a la otra punta, sabiendo que el momento presente, el espacio actual y también sus gentes, abiertas y agradables, serán añorados. São Paulo es una ciudad fea y excluyente, pero con encanto: un encanto decadente. São Paulo es una ciudad de puertas adentro, donde todo acontece entre cuatro paredes. Ciudad de noche. Donde la gente no pasea. Me gusta São Paulo. Me imagino que yo también le gusto a ella. No faltará mucho para que comience a echarla de menos. Quizás, incluso, lo haga en tiempo presente. Espero que estés bien. Que todo te sonría. Matías.

Publicado el viernes, 25 de agosto de 2006, a las 2 horas y 01 minutos

Ilustración de Toño Benavides
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