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ENTREVISTA A DON SANCHO PANZA (Y 2). - ¿Pa esto me despierta? En otras casas comen habas y en la mía a calderadas. Calle buen hombre y abra de una vez un vinillo. Caliéntelo, con algunas especias y miel, que muchos nombres me da, pero sabores…

Como le iba diciendo, estaba la pitanza de la gente de sangre. Más de esa, que pasar pasó, por mis morros, que no por el gaznate, preferiría non falar que me hallé como galápago encerrado, o como medio tocino metido entre dos artesas… (Suspiró largo y tendido). Mal se pasa la vida si los trinos salen del estómago.

De otra que si que podríamos dialogar es la de los campesinos e ricos hombres. Que a quien Dios quiere bien la casa le sabe bien. Si ha leído el librajo, recuerde las Bodas de Camacho. Cantidades ingentes de corderos, aves, algo de caza menor y alguna verdurilla por eso de dar tranquilidad a la manduca y al mal médico de la ínsula. Todo bien asado o cocido, y condimentado con exquisitez. Con sus hierbas de los campos, y alguna setilla suelta. Y quesos como ruedas de molinos. Jamones grandes como becerras. Tocino jugosos de llorar en época florida. Morcillas, caretos y adobos varios, fritos, asados o estofados. Alguna fruta de sartén, y panes blancos de pura hermosura. Mantecas de vaca como racimos. Y racimos de uvas como cestos. De Moscatel, por supuesto.

Y eso de las ensaladas que usted llama ¿ non es comida de ascetas y gente enfermiza?

Bueno, yo…

- Comidas de tres y cuatro horas, de celebración, que non todos los días podíase abalanzar las viandas por las ventanas. En casa llena presto se guisa la cena. Eran comidas que de un tufo y olor, harto más de torreznos asados que de juncos y tomillos, dan por sí solas compendio de buen hacer. Pero nunca escasitas, que como moscas a la miel nos acercamos…

Y siguió declamando un buen rato ristras de viandas para asar o en olla. Como turbado. Y a cada, un ojo en blanco ponía. Alterno para más señas.

-De luego cuasi habría que mentar las de criados y otros manobreros, y demás gente que non habían podido emigrar a América. Tripas llevan pies, que no píes a tripas. Allí se comía lo que el amo tenía, non para él sino de sobras. No con quien naces sino con quien paces. Buenos pollos y huevos no paraban en nuestras muelas más que en algún descuido. Y como la mejor salsa es el hambre, con agradecimiento de bien nacidos zampábamos hogazas non siempre de la semana. Pero tan buen pan hacen aquí como en Francia. Pero más acompañados y paniaguados debe de tener la locura que la discreción…

Algo de olla se comía las noches. Y con suerte algún torrezno con huevo se empedraba. Gazpachos y migas eran de pastores.! Pero la carne y el vino, los braceros los veían de paso. Y a buen paso que iban. Que debajo de una mala capa hay un buen bebedor. Pero no hay estómago mayor que otro.

Y en esto entró en mutis ajeno. De pensar escaso, pero de resoplido largo. Al rato parece ser que de estas emergió.

-Los duelos con pan son buenos. Non habría, buen hombre algún dulcecillo que amaestrar. Por que haceros de miel y paparos han moscas.

Esta si que la pillé. Y fui a las cocinas a por frutos secos, orejones, higos, dátiles, cremas y quesos para amaestrar las hambres de mi señor… Al verlas llegar, su respiración se hizo fuerte como el ronroneo de gato con mur en la boca.

-Pensaba que hablar con usted era como pedir cotufas en el golfo…

Y la cocina de los caminos. Decía el Doctor Thebusen, y por el mediados del XX también se comentaba, que no había mejorado mucho. Los viajeros de la época, los que podían permitírselo, viajaban acompañados de sus propios cocineros.

-No. De propios y cocineros. Pero con un amo como el que Dios me dio, milagros mayores se han hecho por la Corte. Mi Señor de Argamasilla comía de poco. Pero no por su naturaleza enfermiza. Si no que enfermizo se volvió de tan poco que llevar a la garganta. Que el Manco siempre hizo de creer a las gentes que lo leían, más por gracia que por verdad, que Mi Señor había perdido sus cabales por libros de caballerías. Y yo siempre mantuve que eran los vapores de las hambres que lo cegaban.

Por esas fechas, más fácil era comer unas pobres y resecas cebollas, con pan mojado en vino, que de tieso que estaba rompía cabezas. Non había mucho que dar a la pitanza por los caminos. Y si de puercos se veían, iban todavía andando.

Las gentes se echaban a los caminos con provisiones para varios días. Al menos los que consintiese uno en llegar. E si era de noble cuna, y cerca de sus tierras estuviese, podíase hacer traer de ellas las vituallas.

Pero los caminos se trajinaban con buenas piernas o caballerizas. Y de siempre con queso, pan y tocino. Bien curados los tres, por que al andar las mieses se secan. Y si de matar un poco el gusanillo, teníamos cebollas y ajos. Y vinito en su bota… cuando se podía.

Si no, recuerde que por esas fechas también se hablaban de esas novelillas de picaresca. Y si de hambre y buscarse las vueltas con mañas y sonrisas se mentan, no han inventado ustedes poca cosa. Que por imaginación de comer y pasar hambres esos menestrales ya lo facían por todos. Que si gato por liebre, no es el timo del oro. Sino el del loro. Y de la tripa. Pero, par diez, que si un mur se lo ha de comer, mejor al gato le ha de sentar.

Y rebañó las cremas de frutos secos, dejando el plato bien limpio. Hipó. Eructó. Y entró en trance de sueños, mecidos de vinos ! a los que había echo poco aprecio de palabra pero no de sujeto. Con estas, no sé si algo habremos sacado de empeño, pero empeño le hemos puesto para entenderlo.

Y mientras dormía, me quedé en el tintero esta parte. Que andando de tascas y tabernas se maravillaba que tan tierra adentro comiésemos pescado y mariscos, cuando él tuvo , atravesando un cuarto largo de península, que ir a Barcelona para verlos.

Y de que ya no hubiera panes de cebada y centeno.

O de la cantidad de cocinas exóticas que había.

Claro que los italianos le llevaron a mirarme con malicia y decirme eso de: Non decía vuesa merced que la España ¿había menguado a la península?

No entré en detalles de historia por no conmoverlo. Pero sobre todo porque nuestros nombres geográficos habían variado en exceso.

Y de comistrajos actuales hablamos poco, por que si ya la tortilla de patatas era una novedad. ! Que ya no comiésemos bellotas y castañas en puchero fue harina de otro costal. Tomates, papayas, plátanos, chiles, yucas…larga lista de lo que ya no hay. ¿Y pamplinas? Buscarlas y a precio de oro. ¿Y pescado cecial? Bacalao y poco más. Y entre gruñidos y tristezas fuimos llegando a lo que ustedes y yo ya hemos visto. Que ni le menté el cine ni la tele, porque lo de los carros apestosos, tirados a motor, que ni sirven para hacer buenas vitaminas para el campo fue excesivo para él. Eso, y lo que los vinos, la poca pitanza…..

Agradeciendo a vuesas mercedes la paciencia, un servidor toma las de Villadiego. Que a este es más barato comprarle un traje que invitarle a comer.

Publicado el lunes, 9 de enero de 2006, a las 15 horas y 44 minutos

Ilustración de Toño Benavides
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