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ENTREVISTA A DON SANCHO PANZA (1). Siempre he tenido dudas de ciertos títulos, en los que se engrandece a alguien; cuando realmente el personaje importante es otro que no pasaba por ahí de casualidad.

Ocurre en Asterix que el necesario es un orondo y simpático Obelix, que recuerda a… De todas maneras, de la gente que sin hacer ejercicio se mantiene enjuta, no se puede hablar bien. Por mucho que la moda de los últimos años sea de esta guisa. Tigüi, Pigüi, no recuerdo el nombre de aquella anoréxica, que en los años sesenta inauguró la mala tendencia de un saco de huesos…

¿Qué diría de esto un Rubens? ¿O un Séneca? No este no vale que era enjuto. ¿ Un Velásquez? ¿O nuestro invitado de hoy?Estamos hablando de uno de esos ilustres viajeros que han catado gran parte de la cocina Española del siglo XVII.

Les presento a Dº Sancho Panza.

-Don sin din …en latín.

Era un eufemismo galante.

-Efeminado galante vuesa merced.

Le pido disculpas señor. No era mi intención molestarle. ¿Podríamos comenzar la entrevista?

- Lo cierto es que ver, abriendo los ojos del todo, no entreveo nada.

Tras mil disculpas, consigo rehacer mis depauperadas neuronas. Anda que se pone dificilito el señoriíto. Porque haber cabalgado, si así se pudiera decir el andar sobre ancas de borrico, o acémila, sin contagiarse…Pero el interés de este caballero viene por ser un observador poco dado a la fantasía; no diría que objetivo, pero si con la subjetividad de las tripas y estómago por delante.

Me gustaría preguntarle, un poco en general, por la comida de la época.

-De viendo lo poco informado que está, todavía me he de preguntar, si usted, siendo bachiller, ¿no podría haber leído algo de antemano?

Bueno, algo ha caído en mis manos…

-De su cocina no hablamos. No siempre hay tocinos donde hay estacas.

Caballero, la vida ha cambiado. Poca labranza se hace en las ciudades.

- No me arme que de escudero llevo buena vida. A parte de priesas, pocas cosas se facen. Rezongar y ná más.

Consigo, de nuevo, explicarme mal.

- Cocinas había muchas. Cocinas moras, de pastores, de arrieros, de mar, de montaña. Toda! s estas llegadas a lo largo de los siglos anteriores. Pero lo rialmente diferente eran las cocinas de las diversas clases.

Non era lo mesmo la cocina de la realeza o de la aristocracia, comida opulenta que non reservaba nada.

Era, un suponer, ¿una cocina todavía marcada por los ocho siglos de la España Musulmana?

-Ruego me deje hablar. A quien cuece y amasa no le hurtes la hogaza. Musulmanes todavía había. Solo habían echado a los judíos por esa época. Y más que los hijos de los grandes de Europa seguían viniendo a la Península a estudiar. Y de esto facíanse ya varios siglos. A más, de las Indias llegaban doblones y oro. Especias y comidas se harían esperar. La trashumancia estaba en pleno apogeo. Las guerras por Europa, no principiaban a andar por nuestros derroteros. El camino de San Iago llevaba años transitándose. Las coronas de fuera de la Península comenzaban a rebelarse. Y las de aquí, todavía reclamaban aduanas. Y dejo unas cuantas del Mediterráneo sin nombrar, por no carraspear. Que si bien escasa es su comida, más agarrado al corcho está vuesa merced.

¿Más vino?- Y se atizó un copa bien llena. Y de un manotazo me arranco la botella de la mano.

-Muera Marta y muera harta. Vayamos abriendo otra más, que estas modas de poner fuera de las tinas los vinos… Y de tan poco cuerpo…. Íbamos parloteando de cocinas.

Non sé si recuerda las que non caté en la Ínsula Barataria. Viandas bien emplatadas. Frutas, perdices asadas, conejos guisados, ternera asada y en adobo, olla podrida de mil cosas, canutillos de soluicaciones, tajaditas de carne de membrillo, carnes de caza mayor guisadas o asadas enteras al espetón, por no hablar de puercos a la latina, criados de figos y leche. De pieza entera, no esa porción que ustedes sacan. Que trinchaban delante de uno, con la magnificencia debida, personas de sangre aristocrática, que non cualquiera valía. Grandes Mestresalas había en la época. Y de salsas como ungüentos. Y de sabores y cocciones largas. Todo bien especiado y herbatizado. Con su miel y azúcar correspondiente. Que el chocolate llegó después. Que si no…también.

Ya. Pero es que ahora tenemos nuestra neveras y transportes de frío, y non hemos (Si al final hablaré como él) de recatarnos en disfrazar podridos…

Publicado el jueves, 5 de enero de 2006, a las 18 horas y 39 minutos

Ilustración de Toño Benavides
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