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UN PAÍS DIABÉTICO. Con cuatro horas de vida y bajo la expectación babeante de todos los periodistas que hacían guardia a las puertas de la clínica Ruber Internacional, doña Leonor, cagó una flor.

Publicado el martes, 1 de noviembre de 2005, a las 2 horas y 28 minutos

EL HOMBRE DE LA GRÚA. El hombre de la grúa, a tantos metros de altura y bañado por mares de luz, ha perdido la noción del tiempo. Ebrio como un derviche, la mente se le ha vuelto gelatina.

¡Tantas vueltas, tragado por el sol!

¡Qué suerte no tener que bajar! Basta con apretar de nuevo el botón del vértigo, y el baile continuará a derecha e izquierda sin que nadie pregunte más.

Cuando el hombre de la grúa baje, sus piernas vacilarán sobre el suelo, pero entonces, yo le esperaré lo bastante borracho como para ayudarle sin que el ritmo de los pasos le resulte extraño.

Publicado el lunes, 14 de noviembre de 2005, a las 20 horas y 19 minutos

LA NOCHE. El local se llama “La Noche”. Es una de esas joyas que ha descubierto M en sus patrullas nocturnas. Está situado en la calle Segovia, bajo el viaducto y su letrero de neón azul es probablemente, una de las últimas cosas que veían los que se tiraban desde lo alto antes de la época de las mamparas “piénsatelomejor”.

Naturalmente iba advertido y aunque estaba preparado para todo, me cegaron los espejos y dorados al franquear la puerta. Varios grupos y parejas sesteaban y reían repartidos por el amplio reservado de butacas de terciopelo rojo. En la pista no cabía un alfiler. Aún así, los que bailaban, se movían con la suficiente holgura como para adornarse sin molestar. Creo que éramos los más jóvenes del local e intentábamos sacar barriga para no desentonar. Cuando la camarera nos preguntó: ¿Qué tomáis cariños? Le dije a M: eres un gran amigo.

Aquel nos pareció un mundo bastante macho, donde las mujeres, es decir, las señoras, visten piezas exclusivas de “boutique” de barrio y zapatazos de tacón de aguja con incrustación de brillantes de cristal. Donde los tíos, es decir, los señores(o los cariños)lucen el “colorao” en el cuello y si te dan un puñetazo te dejan marcados cuatro anillos y una alianza. Donde los pelos del pecho escapan entre los botones de una camisa ajustada al riñón y los relojes pesan medio kilo. Donde todo el mundo baila bien la rumba y no hace como que sabe, que es lo que hago yo.

Eran las cuatro de la madrugada y aún faltaban un par de horas para que el sitio quedase contaminado por otro tipo de público. Para M y para mí, que estamos hasta los cojones de sitios trufados de clase y diseño,”La Noche” es el paraíso.
-No sé si voy a saber contar todo esto-le dije, cuando un personaje sacado de un cuadrilátero de boxeo anunciaba una actuación en directo.
-Cuéntalo en dos partes-sugirió M muy atinado, porque cuando salió el cantante sentí no tener una cámara a mano.

Y estábamos sentados en primera fila.

Publicado el martes, 22 de noviembre de 2005, a las 8 horas y 27 minutos

LA NOCHE II. Comenzaba el número de madrugada. El presentador acababa de anunciarlo. No sé exactamente lo que dijo porque M y yo teníamos una peonza del catorce pero a mí me sonó así más o menos:

-¡ Con ochenta y cinco kilos de peso, perteneciente a los pesos medios y llegado recientemente de su exitosa gira por América, con todos ustedes Fulanito de Tal... !

El maestro de ceremonias mantenía la mano del micro pegada al pecho para no ocultar la boca, lo cual indicaba profesionalidad, con la derecha agarraba el cable para no tropezar con él, detalle de soltura en las tablas y la corbata le caía displicente sobre la barriga, signo de relajación.
Pero Fulanito de Tal no acababa de salir y algunos paroquianos animaban al artista que o llegaba tarde o estaba meando.

Finalmente desde algún punto de la penumbra del local surgió un cóctel humano mezcla de Rappel, Ambar (ex Tamara) y el pianista de Parada, todo en la misma persona. Rubio oxigenado, vestía una camisa ceñida de estampado lisérgico y de la cintura para abajo todo era piel de serpiente: pantalón muy ajustado y botas camperas.

Aterrizó en la pista como un legionario del arte, dispuesto a darlo todo por el público y sonreía un poco como pidiendo perdón por la demora.
Nos cayó bien al instante.

El repertorio lo componían, como no, los éxitos del momento. Artistas de expositor de gasolinera. Puro top-manta. Cuando les tocó el turno a las de Bisbal ya estaba lanzado y se había hecho el amo. Aplaudíamos a rabiar, completamente entregados porque al principio el tío estaba un poco cortado y además no dejaba de sonreír ni cuando pronunciaba la “u” de “Bulería, Bulería”.

Reservaba su mejor baza para el final.Empezó a sonar: “Quien es ese hombre...” y el local estalló de entusiasmo. Nos dejamos las manos aplaudiendo y la garganta gritando ¡bravo!

Sobre su piel de serpiente,agotado, embriagado por el triunfo, llovían claveles.

Publicado el miércoles, 23 de noviembre de 2005, a las 16 horas y 29 minutos

BLANCO Y NEGRO. Se precipitan los fotógrafos de la madrugada por el vértigo de los tejados a retratar a los muertos.

Sacan de sus gabardinas mojadas cámaras con flash de magnesio que espantan las sombras hacia el final de las calles. Tallan a fogonazos el perfil duro del policía y el sueño en pijama del forense. Asustan el pelo de los curiosos en las ventanas y descubren pistolas calientes en el costado de los asesinos.

Vienen a colocar en su sitio el sombrero del muerto para que parezca más muerto y a bañar en sangre los objetivos por que sangre es lo que hay.

Vienen a retratarnos por dentro para que no podamos apartar la vista negando el paisaje y mañana aquí no quedará nadie salvo sus fotos y los muertos que las habitan.

Publicado el miércoles, 30 de noviembre de 2005, a las 18 horas y 20 minutos

Ilustración de Toño Benavides
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