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LA NOCHE II. Comenzaba el número de madrugada. El presentador acababa de anunciarlo. No sé exactamente lo que dijo porque M y yo teníamos una peonza del catorce pero a mí me sonó así más o menos:
-¡ Con ochenta y cinco kilos de peso, perteneciente a los pesos medios y llegado recientemente de su exitosa gira por América, con todos ustedes Fulanito de Tal... !
El maestro de ceremonias mantenía la mano del micro pegada al pecho para no ocultar la boca, lo cual indicaba profesionalidad, con la derecha agarraba el cable para no tropezar con él, detalle de soltura en las tablas y la corbata le caía displicente sobre la barriga, signo de relajación.
Pero Fulanito de Tal no acababa de salir y algunos paroquianos animaban al artista que o llegaba tarde o estaba meando.
Finalmente desde algún punto de la penumbra del local surgió un cóctel humano mezcla de Rappel, Ambar (ex Tamara) y el pianista de Parada, todo en la misma persona. Rubio oxigenado, vestía una camisa ceñida de estampado lisérgico y de la cintura para abajo todo era piel de serpiente: pantalón muy ajustado y botas camperas.
Aterrizó en la pista como un legionario del arte, dispuesto a darlo todo por el público y sonreía un poco como pidiendo perdón por la demora.
Nos cayó bien al instante.
El repertorio lo componían, como no, los éxitos del momento. Artistas de expositor de gasolinera. Puro top-manta. Cuando les tocó el turno a las de Bisbal ya estaba lanzado y se había hecho el amo. Aplaudíamos a rabiar, completamente entregados porque al principio el tío estaba un poco cortado y además no dejaba de sonreír ni cuando pronunciaba la “u” de “Bulería, Bulería”.
Reservaba su mejor baza para el final.Empezó a sonar: “Quien es ese hombre...” y el local estalló de entusiasmo. Nos dejamos las manos aplaudiendo y la garganta gritando ¡bravo!
Sobre su piel de serpiente,agotado, embriagado por el triunfo, llovían claveles.
Publicado el miércoles, 23 de noviembre de 2005, a las 16 horas y 29 minutos
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