|
|
LA HORA DEL COMETA. Se desprendió de la noche y vino directo hacia mi ventana, siguiendo una ruta invariable y controlada.
Se paró por fin a muy corta distancia de la casa, gravitando sobre la hierba, que se estremecía alarmada por el fuego.
Yo tuve miedo porque no sabía si el cometa pretendía dar un paso a través de la ventana y abrasarlo todo, o solamente estimular mi memoria para el futuro.
Como ambas cosas halagan la vanidad no pensé ninguna otra; y mientras permaneció allí, inabarcable, emitiendo un sordo latido apenas audible, no hice más que contemplarlo sobrecogido.
Por fin pasó de largo perdiéndose por encima del tejado; y comprendí que sólo quería curiosear y que no había encontrado nada interesante.
Publicado el miércoles, 23 de marzo de 2005, a las 14 horas y 31 minutos
|