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LA NUEVA CARACOLA. Hay un respiradero en la azotea de la casa, cuya boca se curva hacia el suelo para evitar ahogarse los días de lluvia. Es el árbol más viejo de ese elevado bosque de antenas y chimeneas que han crecido mucho más caóticamente de lo que cabría esperar. Su garganta exhala vapores de un oscuro torrente subterráneo de desagües y alcantarillas. Si te acercas oirás el eco de todos los remolinos moribundos de agua en los fregaderos. Un eco espeso, de restos de grasa y comida a medio digerir.
Oirás el rumor del perfume evocador y delicado que arrancó el agua de la ducha del cuello de la vieja dama; que vive con doce gatos y nunca sale de casa. Ese perfume está enriquecido con el sudor de la mujer y quizá con algo mas...
Espumas de afeitar jabones y una estridente sinfonía de cosméticos, componen la parte más amable de su aportación a la atmósfera. Esa caracola de hojadelata, nos trae todos los días el latido de los vecinos de la casa. Nos comunica todo lo que sabe con una sorda composición de murmullos, de pequeños eructos, de secretos a medias, con una voz coral en la que cada vez es más difícil distinguir los graves de los agudos.
La voz de un animal nuevo que suda y duerme. Un animal múltiple y habitado.
Publicado el miércoles, 2 de marzo de 2005, a las 11 horas y 57 minutos
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