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LA TIERRA MÁS ALLÁ DEL BOSQUE (1). Llegas en el mejor momento. No podríamos pedir una noche más propicia. Siempre apareces a esa hora en que el cielo toma el color de los cristales sucios de las viejas fábricas. Sígueme y camina despacio detrás de tu sombra. Hoy entraremos donde los coches van despacio, donde sus faros miran de reojo, donde el reflejo del parabrisas mide como un relámpago la longitud de las piernas de las putas. Nos moveremos furtivamente en la frontera de los ojos del perro guardián, como sombras inofensivas que observan en silencio un ritual secreto y peligroso.
Pesadas rocas de agua vienen dando tumbos sobre los tejados. Empujadas por el ímpetu del calendario, cabalgan ciegas sin saber a donde. Esta noche manda el viento y no tiene la menor intención de hacer concesiones.
Una bandada enorme de libros vacíos vuela escapando hacia la tierra más allá del bosque. Aprovecha los golpes de viento para no naufragar en el océano espeso de las ondas de radio.
Los nómadas conocen esta huida. Se emboscan protegidos por una ceguera crepuscular de tonos púrpura. Disparan sobre todo lo que se mueve desde las ruinas abandonadas de las afueras. En este atardecer el horizonte solar aún es visible para los libros, que baten hojas envueltos en un generoso baño de luz amarilla. El sol les hace destacar peligrosamente y vuelan lentos con su tierno vientre de celulosa vuelto hacia la tierra. Abajo los nómadas agitan hogueras preparando el festín.
El día lluvioso e inestable sorprende hojas de papel estranguladas por los cables de la luz, arrastradas por el agua sucia, ahogadas en las alcantarillas. Desde el cálido interior doméstico de las viviendas unifamiliares, seres blandos de color rosa observan desdeñosamente como tirita el papel de los libros muertos.
Publicado el martes, 8 de agosto de 2006, a las 0 horas y 33 minutos
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