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CABALLO MUERTO. Hay un caballo muerto flotando en el río. Hace años que está allí. Yo sé exactamente donde encontrarlo. Conozco tan bien el lugar como si lo llevara grabado a fuego en la piel. Ahora es un atributo más de mi personalidad. Por eso el caballo no ha desaparecido después de tantos años. Sigue en el mismo lugar en el que lo encontré de niño, con esa enorme panza hinchada brillando al sol. Bailando ridículamente al son que toca la corriente, medio enganchado en las zarzas de la orilla.
En cada habitación de mi casa, en cada cama, en cada almohada, en cada mesa, detrás de cada puerta, hay un caballo ahogado que tarda años en morir.
Publicado el lunes, 7 de febrero de 2005, a las 15 horas y 00 minutos
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