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LA FUENTE VIRTUAL. Paseaba por el parque del Retiro.Hacía calor a la hora de la siesta.
En La Rosaleda no hay sombras pero si una fuente que invariablemente me despierta la sed. No había nadie. Metí la cabeza en la pila, abrí los ojos y pensé: este es un mundo muy limitado, para peces pequeños y tontos.
Cuando me incorporé, tenía una extraña sensación de sordera. Abrí los ojos y el mundo había desaparecido. Sólo estábamos la fuente y yo. Levanté la mano del borde y esta acabó por esfumarse como todo lo demás. Traté de respirar pero tampoco había aire.
Publicado el sábado, 2 de julio de 2005, a las 3 horas y 57 minutos
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