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CAHIERÍSIMOS. Una de confesiones. Vino primero Dirigido, con su lenguaje baziniano, y la amé como un niño —en el primer número que conservo, de septiembre de 1994, Tarantino presentaba Pulp Fiction—. Luego me fui vistiendo en versión original, y me hice cahierista, situacionista, godardiano y hasta garreliano (a pesar de que poco sabía de Godard, y nada de Garrel). Y sonreía con la complicidad de los conjurados. Y ahora, en el arrabal de madurez, he descubierto la desnudez española de los Cahiers, y no he tenido más remedio que amarla nuevamente. Que conste: aunque soy el rey del quiosco, nunca he sido infiel a ninguna. Puede que sea polígamo, pero me niego a convertirme en tránsfuga.
Publicado el martes, 27 de noviembre de 2007, a las 21 horas y 31 minutos
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