FEYNMANN. Todo el mundo tenía a Savarof como un muchacho de excelente carácter; pero cuando avanzó en su carrera y comenzó a mandar, experimentó una transformación bastante frecuente entre los hombres un poco calaveras; al llegar a la mitad de la vida y al verse revestido de autoridad se hizo despótico, brutal y puntilloso. Como no era inteligente, creyó que debía ser duro. Realmente esto de poder mandar es una cosa inomral. De jefe se vio que Savarof, no sólo no brillaba por su inteligencia o por su cultura, sino que se hacía cada vez más cerrado, más torpe, más militar.
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Quizá si Savarof hubiera tenido otro oficio hubiera considerado su cerrazón como una desdicha; siendo militar, la disputó como un mérito.
Puesto que no sabía discurrir ni comprender, supuso que la verdadera misión del oficial era seguir al pie de la letra las ordenanzas y ser conservador y zarista como pocos.
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Gracias a su fidelidad por la buena causa, Savarof llegó a general; pero al alcanzar este grado le hicieron pasar a la reserva. Savarof comprendió que esta medida la habían tomado para dejar avanzar a otros más inteligentes y más útiles que él, y como era natural, se indignó.
El mundo es ansí, Pío Baroja
Pío lo escribió en 1.912. Yo leo esto, y siento que alguien le ha puesto palabras a mis pensamientos mejor de lo que yo podría hacerlo, una vez más. Y no puedo evitar pensar en alguno de mis profesores.
El aquí firmante estudia arquitectura en Alicante. Creo que no lo había dicho nunca, no hacía falta. Para dar más señas, soy estudiante casi eterno por vocación, suspendedor de profesión, disperso, pluriempleado, a veces pesado, a veces vago. Y bajito y moreno, citando mi propia carta de presentación. Y firmo con mi nombre.
También me vienen a la cabeza alguno de mis profesores cuando en las películas de psicópatas y policías, el investigador de turno, habitualmente psicólogo, criminalista y macizo/a, dice que el asesino
mata para suplir sus carencias sexuales y/o afectivas. Mezquino, amargado, inútil, desfasado, arrogante, acomplejado, frustrado, y demás adjetivos similares son igualmente evocadores.
No todos sois así, no todos. Querido maestro del que tanto he aprendido, si en estos momentos estás sonriendo, es porque no es de tí de quien hablo.
Richard P. Feynman, puede que uno de los mejores profesores de la historia, reiría.