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ENSALADA DE HUEVOS MOLDEADOS CON ANCHOAS. Ingredientes para dos personas:
2 huevos • 1 latita de anchoas en aceite • 1 cucharadita de mostaza • 1 cucharadita de Miel • 1 pizca de Orégano • 1 pizca de hinojo • 3 lechugas diferentes o 1 paquete de mezcla • 2 rebanadas de pan • Aceite de Oliva virgen • Vinagre de Vino • Sal y pimienta

Difícil decisión. Ponerte estos calzoncillos, comprar no me olvides o claveles, o tres lechugas o un paquete de mezcla. Lo siento, pero eso es muy privado. Lo sé, la latita de anchoas se puede arreglar con unas en salazón. O con una falsificación de caviar. Las hay geniales.

Mientras, deberíamos de cortar el pan, sea payés, de hogaza o el que queramos, en cuadraditos. Y los sofreímos con un poco de aceite, a fuego medio, y en sartén. Lo justo para dorarlos. A papel de cocina, que pierdan su parte de exceso de grasa.

Preparamos la vinagreta. Mostaza, miel, orégano, una cucharada de vinagre, 6 de aceite de oliva, sal y pimienta. Y el hinojo bien molido también. Esto, o en un biberón, o, mucho mejor, en bote de cristal con tapa, porque nos va a sobrar.

Engrasamos dos moldes individuales de flan, conocidos como flaneras, de toda la vida. Ponemos un par de filetes de anchoa y el huevo. Sin sal, que la anchoa ya lleva.

Ya solo nos queda lavar la lechuga y dejarla escurriendo. Que llegue nuestr@ invitad@. Poner a cocer un par de dedos de agua en una cazuela con tapa, poner los moldes durante 6 minutos, que no son huevos cocidos, y emplatar. Terminando con un toque de pimienta negra recién molida, tras ese toque de de vinagreta. Y esparciendo con arte o nervios, según cada uno, los costrones de pan por la ensalada.

Esto, con un Blanco de Montreaga, de Sauvignon Blanc, o con su Merlot dulce de 17º… No. Tampoco nos pasemos. Que si no no vamos a prestar atención a nuestr@ Partenaire.

Publicado el lunes, 8 de mayo de 2006, a las 10 horas y 22 minutos

¡LO VE!. En los últimos tiempos ando más raro de lo habitual. Diversas historias me recorren la cabeza, desbocadas. Esto me ha hecho perder ese punto de intriga que siempre me caracteriza a la hora de andar por la calle. Ver a los demás con ojos de pasmado ha sido siempre una de mis actitudes intrínsecas. O ¿eran aptitudes? Ensimismado por mi otra realidad, llevo un tiempo en que los mensajes del tipo: buscamos aprendiz – varón, no me dejan ni el sarcasmo de ver que ya nos dejan a los varones, solo la posibilidad de ser aprendices. ¿De qué? No era un anuncio de ningún festival erótico, sino de una tienda.

Ni siquiera el ver dos tercetos de chavalas cruzarse por la calle, y dar gracias al cielo de no haber estado en medio, por las miradas asesinas que se han entrecruzado, mitad: jo si eso es del año pasado, o yo enseño mejor los cachetes ¿no?. le hacen a uno estar más sosegado con la vida.

Pero lo que más me preocupa es que el Ayuntamiento de Madrid se haya dado cuenta de nuestra situación. Supongo que en estos momentos no soy el único pasando una racha extraña. Pero eso de poner letras por el Paseo del Prado, grandes y gordas, no me dijo nada, hasta que vi:

VEVE
LOLO
VEVE

Comprendí, a la misma velocidad del taxi que me llevaba, que estas últimas semanas no era el mismo. Y que debería volver a ver, verlo, o como se diga, esta ciudad con mis ojos melancólicos de siempre.

Lo que más me gustó es que, por fin, una administración se preocupase por mí, mi estado anímico, y sobretodo que me tratase con el respeto que me merezco: de usted

La alegría me duró bien poco. El tiempo de explicárselo a Leticia, y que ella me desengañase, diciéndome que eso era una exposición al aire de libre de no se que escultor americano, y que lo que reivindicaba era la palabra AMOR.

En mi estado depresivo actual, que algunos atribuyen a mi reciente cumpleaños, o a una inexistente crisis de los 50, de los que yo ando muy alejado (aunque algunos se empeñen en encontrarme francamente precoz en ciertos aspectos) no es bueno darse cuenta que seguimos adocenados.

Así que solo se me ocurrió trabajar con turbante una temporada, para reivindicar mi contrito yo una temporada.

Que rápido pasan las ilusiones. ¿Vas de Rey Baltasar? ¿Si el día de Reyes ya pasó?

Que dura es a veces la realidad de los demás.

Publicado el martes, 16 de mayo de 2006, a las 13 horas y 47 minutos

HA HABIDO ALGÚN QUE OTRO COMENTARIO MALINTENCIONADO,. lo sé, con respecto a mi edad. No me da miedo, ni vergüenza reconocerla. 46. Y lo que pasé la semana pasada fue uno de mis ciclos de pensamiento egoísta, estúpido y autocrítico. Lo que normalmente me suele dejar en una crisis melancólica.

Pero eso se suele arreglar. Y el pasado domingo, habían tenido a bien invitarme a una cata de Syrahs. En Campo de Criptana. Lo malo era que tenía que levantarme a las 8 de la mañana, lo cual no son horas de levantarse un domingo. De acostarse tampoco, a no ser que uno venga ya desayunado.

Amaneció un día espléndido. Fresquito, pero con unas pocas nubes punteando el alba. El horizonte se me fue despejando con el segundo café. Y la teoría era no llegar demasiado temprano, para no ser molesto, ni tarde, que piensen que eres una vedette del retrete. Se que no quiere decir nada, pero es que rima, y tras la melancolía viene el verso. Lo que no sé que es peor.

Llegando por la Autovía de los Viñedos te vas empapando de inconmensurables campos cargados de vides, que a estas alturas del año ya están más que brotando. Tras ir camino de los molinos, donde hay, un restaurante bastante bueno, y con terraza con vistas al llano de donde venía, me desvié hacia la Ermita de San Isidro.

¿Y que vieron mis ojos? Una romería. La cata se hacía en un pequeño paseo arbolado que desemboca en la ermita, o en los olivos. Depende de donde venga uno. Casetas de bebida, juegos y arboleda. Vistas a la nada pequeña ermita. Una hilera de mesas con vinos a los dos lados, unos veintialgunos conté yo. Y todo rodeado por una veintena, no menos de fuegos de encina, en las que estaban preparando, afanosamente, los hombres de las familias unas calderetas de cordero. Y eso, entre el olor a monte, a brasas, carnes, y romeros que había en la zona, como que daba una envidia…

Si luego dicen que si los urbanitas vivimos bien. Anda ya.

Tenían preparados un montón de catavinos. Y al modesto, ridículo precio de un euro la copa, uno ya podía proceder a catar todos los caldos. Y todos de la Mancha, se me olvidaba el detalle. Aunque no todos los de la Mancha.

Ante tamaño despropósito, lo primero fue ir a saludar a Don Javier, que era quién me había invitado. Socarrón, y de sonrisa perpetua, a lo que realmente me había invitado era a una caldereta. Y yo, entre guiños quise saber cual de todas era.

-Tranquilo cocinero, que sin comer no te dejamos.
Tras tan amable recibimiento, me dediqué a catar cuantos caldos había. Repito, a catar, que eran las 11 y media, y había mucho tiempo por delante.

Procedí delicadamente a perfumarme las narices, y saborear con tiento, todos y cada uno de los caldos. No todos me convencieron, que uno ya tiene sus gustos, pero la calidad media era muy alta. No se lo negaremos. Y 5 o 6, excepcionales. Y aunque me faltaba uno para redondearlo, tampoco nos íbamos a mosquear por un numerito de nada.

Bueno, a todo esto, un lugareño le había preguntado a Dº Javier por mi. Era el único con chaqueta. Siempre dando la nota. Y eso que de saberlo me hubiese ido en vaqueros, que era lo que realmente pedía el día. Y esto, que el muy guasón le informó como que yo era un entendidísimo de vinos venido de la capital del reino. Lo que me procuró una anecdotilla ligera. Ya que una partida de Manchegos iba siguiendo mis evoluciones, hasta que uno dijo:
-A este paso no llegamos al final. Como trinca el tío.
-¡No! Si el no se las bebe enteras- contesto otro- solo nosotros que nos las llenamos.

Resumiré. Porque lo bueno aconteció a las 3. Los señores de la Cofradía de San Isidro, que además de poner un mulo para sacar agua de un pocillo (se que no se llama así pero se que no es una alberca, no es…) se habían puesto manos a la obra, y en lo que debió de ser las dependencias del cura, en la chimenea habían trajinado una caldereta que quitaba el hipo. Sencillamente deliciosa. En su punto justo, y con todo, y sin falta de nada, que decía mi señor yayo.

Y aquí nos pusimos, a trasegar vinícos y caldereta. Pero que vinos, y que caldereta. Solo por eso merecía la pena haberse levantado a las 5 de la mañana, y hacer el camino a pié. De rodillas no que las tengo chascadas.
Más de uno se preguntará que vinos me gustaron. Y yo, lo que no quiero es quedar mal con ninguno, y no tome apuntes. Pero el de Castilblanque, el de los Aljibes, el de Manzaneque, Vallegarcía, Dehesa del Carrizal, y alguno más estaban de llorar. Y lo estaban, porque yo ya había contado los asistentes. 35. Y las botellas. Pocas. Y ya temía que ocurriese como una hora antes, cuando el rosado de los Aljibes había desaparecido. Y eso preocupa a cualquiera.

Pero hubo, mucho y bueno.

Así que no me queda más que poner un pero a todo esto, antes de darles las gracias a todos y cada un o de ellos. Y es que el año que viene queremos que la cata sea de Syrahs y de calderetas. Desde el primer momento.

Tome nota Dº Miguel Angel. La idea se la doy gratis. PRIMER CONCURSO MUNDIAL DE CALDERETAS. Y yo de jurado. Si lo hace, prometo pasar la noticia con anticipación. Esto le quita la depre al más pintado.

Publicado el lunes, 29 de mayo de 2006, a las 18 horas y 07 minutos

Ilustración de Toño Benavides
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