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MALVARROSA. No era un barrio abandonado. De estar vacío el pasado hubiera hablado por él. Era un barrio olvidado. Incluso el tranvía, cuya sola mención evoca otros tiempos, parecía más un impersonal tren de cercanías.
Los antiguos habitantes habían descuidado las casas, los jardines, los colores..
Los muertos suelen olvidarse de todo el mundo.
El presente amnésico se adueñaba de todo sin esfuerzo, sin lucha. Se advertía una atmósfera opresiva y ciega porque no hay cosa que ocupe más espacio que el vacío. Remolinos de aire rubricaban los golpes de angustia. Caserones semiderruidos, paredes que sujetaban desesperadamente los adornos y enlucidos de tiempos mejores, la línea irregular de una calle recortada en escuadras bajo la luz diagonal de la tarde.
Al fondo, el mar levantaba un telón de nubes denso y oscuro, que cerraba un camino por donde quizá hubiera podido escapar nuestra ansiedad.
Sólo nos quedaba huir al interior de la ciudad nueva, recluirnos en el hotel y tratar de olvidar.
Publicado el miércoles, 25 de mayo de 2005, a las 14 horas y 36 minutos
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