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ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA.. Crees estar durmiendo, acostado sobre tu lado izquierdo, en el campo (algún lugar indeterminado entre tu casa y el borde de la tierra), pero tu cuerpo no mantiene contacto con el suelo. Duermes encogido en el banco de un parque sitiado por carreteras de innumerables carriles que vomitan una continua catarata de coches somnolientos hacia el centro de la ciudad.
En este lugar no hay nada limpio. El campo no es enteramente campo. Está sembrado de pequeñas construcciones repartidas anárquicamente a lo largo de kilómetros y kilómetros de ciega desolación. Se extiende como una maldición alternando casas, almacenes, chabolas y recintos donde la hierba comparte el abandono con deshechos industriales de toda procedencia.
La sombra de un avión se duele sobre el terreno erizado de carteles publicitarios que ofrecen un decorado alternativo demasiado generoso. Las perspectivas del paisaje se curvan caprichosamente, atrapando en volutas la parte baja del cielo de modo que no hay una frontera definida entre uno y otro. Solo ese accidente, ese mordisco con el que se mutilan diariamente a la altura del horizonte.
Protegido por el banco y la sombra del avión. Guardando celosamente el último residuo de calor agazapado en el estómago, se puede dormir entre el cielo y la tierra.
Publicado el martes, 19 de abril de 2005, a las 13 horas y 29 minutos
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