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UN AÑO DE CINECITO. ¿Se acuerdan ustedes de Cinecito, aquella simpática mascota animada que nos amenizaba la entrada a la sala de cine con sus bailes pixelados y una musiquita tirando a ramplona? Como en el caso de Cobi y Curro en los fastos del 92, uno quiso congraciarse sinceramente con aquella criatura contorsionista y vocinglera, pero acabó por tomarle manía, tirria y, a lo peor, una pizca de auténtica inquina. Pues lo mismo le sucede a quien suscribe con el último cine español. Tanto es el esfuerzo invertido en patrocinar el producto nacional bruto, tan ciego el optimismo de sus exegetas, a tal punto llega la pompa y circunstancia de sus eventos, que a uno le dan ganas, aun a riesgo de ser tildado de aguafiestas, de oponerse visceralmente a nuestros grandes éxitos de la última temporada. Sin embargo, este cronista ha decidido escribir sobre las glorias y miserias del cine patrio con humildad, justicia y templanza, que debieran ser virtudes teologales en lugar de las ya algo anacrónicas fe, esperanza y caridad.
No obstante, si uno tiene que atenerse a la fidelidad de los propios criterios, ha de declarar que las películas españolas más celebradas del año, Mar adentro, de Alejandro Amenábar, y La mala educación, de Pedro Almodóvar, le parecen tan interesantes como fallidas. Ambas películas plantean retos difíciles que sus directores no siempre logran sortear. En el caso de Amenábar, los riesgos eran evidentes. Por una parte, el maniqueísmo ideológico, inherente a todo filme «de tesis». Por otra, el sentimentalismo característico de las ficciones del género «enfermo terminal», que tanto predicamento tienen allá por las Américas. Al César lo que es del César: Amenábar se esfuerza por huir de la lágrima fácil, demuestra sus (ya conocidas) dotes de realizador virtuoso y consigue una excelente composición de Javier Bardem, que aquí se aplica los cilicios del Actor’s Studio con pasión de disciplinante devoto. Sin embargo, la posición moral de la película hubiese sido más ambigua y, en consecuencia, más compleja, si quien defendiera los postulados ideológicos contrarios a los que encarna el protagonista no hubiese sido un personaje tan ridículo como el cura parapléjico interpretado por José María Pou. Del mismo modo, el filme a veces traiciona (¿deliberadamente?) su aparente voluntad de escapar al subrayado emotivo. Si Mar adentro pretende ser un elogio de la sugerencia, ¿tiene sentido repetir dos veces el accidente de Sampedro? ¿No habría sido mejor situarlo fuera de plano? Tampoco me convence el personaje de Belén Rueda, cuyos cambios anímicos entiendo, pero no comprendo, como le pasaba a uno de nuestros mejores escritores con el pensamiento metafísico alemán.
De distinto cariz es la cinta de Almodóvar, que se me antoja más conseguida que la anterior. En este caso, a Almodóvar le pierde el deseo de erigirse en el nuevo Prometeo del cine español y robarle el fuego a los dioses del celuloide. Después del proceso de depuración estilística que suponían Todo sobre mi madre y Hable con ella, el cineasta posmoderno manchego (paradoja donde las haya) ha querido meterse de nuevo en camisa de once varas. Porque una cosa es jugar con los registros del melodrama y parodiar a Douglas Sirk, y otra muy distinta reinventarse la sintaxis cinematográfica. Los tejemanejes metatextuales de Almodóvar le salían bien en literatura a Unamuno, Cortázar o García Márquez, pero, entre nosotros, a Almodóvar la sutileza es «el don que no quiso darle el cielo». Y para sacar adelante una historia de pasiones enrevesadas, desdoblamientos de personalidad y amores germinales había que hacer encaje de bolillos. Aunque, eso sí, la película aporta algunas imágenes que nos costará despegarnos de la retina, como la secuencia en que los niños del colegio se bañan en el río mientras de fondo se escucha la melodía de Moonriver, súbitamente interrumpida por la realidad.
Sin embargo, la cosecha nacional del año 2004 ha dejado otras películas interesantes, que reseñamos a continuación:

Nubes de verano, de Felipe Vega. Un interesante ejercicio de cine «a lo Rohmer», a partir de una historia de juegos amorosos, que supone una variante menos sofisticada y más naturalista de Las amistades peligrosas. A pesar de algunos desfallecimientos en el ritmo y de algunas torpezas propias de amateur, la madurez de la trama, la conseguida captación de una atmósfera personal y la espontaneidad de los diálogos convierten a la película de Felipe Vega acaso en la mejor que ha surgido de nuestros fogones en el año recién acabado.

El séptimo día, de Carlos Saura. Resurrección parcial del cine de Saura después de costearle durante unos cuantos años la jubilación al director de fotografía Vittorio Storaro. Ahora el veterano director abandona los fuegos fatuos del esteticismo para contar una de esas historias propias de la España negra y solanesca. Su visión naturalista del crimen de Puerto Urraco adolece, sin embargo, de un cierto desequilibrio entre la filmación y el guión, firmado por el temible (no tanto por escritor maldito como por maldito escritor) Ray Loriga. Mientras que Saura se aplica a filmar un remake de La caza, no en vano una de sus mejores películas, Loriga pretende reescribir algo así como una versión actualizada de La casa de Bernarda Alba. Y la cosa, como es natural, acaba chirriando, aunque por suerte no tanto como para olvidar sus notables logros estéticos.

La flaqueza del bolchevique, de Manuel Martín Cuenca. Sin duda, la sorpresa del año en nuestras pantallas. Una adaptación de la novela homónima de Lorenzo Silva filmada con un firme convencimiento en lo que cuenta y premiada con una asombrosa interpretación de Luis Tosar y de la jovencísima María Valverde. Nos hallamos ante una versión de Lolita que sustituye la ácida mordacidad de Nabokov por una sincera comprensión afectiva de sus criaturas. Por desgracia, el desenlace de la película, no muy distinto al del libro en que se inspira, no sólo no está a la altura del resto del filme, sino que contribuye a difuminar buena parte de su encanto.

Héctor, de Gracia Querejeta. La hija del productor Elías Querejeta vuelve con una historia de secretos familiares y emociones latentes y contenidas. Lástima que las virtudes del guión y de la interpretación se vean algo lastradas por una dirección poco imaginativa, demasiado apegada a los códigos televisivos imperantes.

Inconscientes, de Joaquín Oristrell. Divertida comedia psicoanalítica que maneja con desenvoltura los códigos del vodevil, de la película de época y de la comedia de enredo para burlarse de las pulsiones de unos cuantos personajes adictos a los complejos freudianos. Como siempre ocurre con el cine de Oristrell, una desmedida tendencia al chiste fácil y un tanto chusco, casi siempre en el desenlace, ensombrece los méritos de la función.

Crimen ferpecto, de Álex de la Iglesia. De la Iglesia copia la fórmula negra y esperpéntica de La comunidad y, claro, le sale una película que cojea del mismo pie: una premisa interesante y divertida progresivamente malograda por una extraña propensión a lo grotesco y por una alarmante falta de mesura en la dosificación de sus golpes de efecto.

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Publicado el martes, 11 de enero de 2005, a las 21 horas y 22 minutos


[1] Un fan. Betaville: ¡escribes de puta madre!

Recomiendo, al que se encuentre con alguno de tus textos, que los relea. Mirad, por ejemplo, qué perlas me he encontrado en éste:

"Tanto es el esfuerzo invertido en patrocinar el producto nacional bruto, tan ciego el optimismo de sus exegetas, a tal punto llega la pompa y circunstancia de sus eventos, que a uno le dan ganas, aun a riesgo de ser tildado de aguafiestas, de oponerse visceralmente a nuestros grandes éxitos de la última temporada. Sin embargo, este cronista ha decidido escribir sobre las glorias y miserias del cine patrio con humildad, justicia y templanza, que debieran ser virtudes teologales en lugar de las ya algo anacrónicas fe, esperanza y caridad".

"Tampoco me convence el personaje de Belén Rueda, cuyos cambios anímicos entiendo, pero no comprendo, como le pasaba a uno de nuestros mejores escritores con el pensamiento metafísico alemán".

"el temible (no tanto por escritor maldito como por maldito escritor) Ray Loriga".

Sigue así.
Comentado por Franz | 12/1/2005 00:37
[2] nesecito urgente los postulados del dialogo de la templanza es un punto de una trabajo urgente !!! garcias_:D
Comentado por diana | 20/3/2007 02:20
[3] nice blog. Decent blog. This is a decent blog on tips. I might want to thank you for all the data you give. It is truly essential to pick the best solid tips to keep up your Fitness. So much obliged for the data you give.
Comentado por write my essay | 26/12/2017 10:18 | https://essayjaguar.com/






Ilustración de Toño Benavides
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