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UNA DE CRUZADOS. El estreno de El reino de los cielos confirma el interés de Ridley Scott por el cine histórico tras varias (y desiguales) incursiones por estos derroteros: Los duelistas, su opera prima; 1492, la película «oficial» del quinto centenario de la conquista de América, y la reciente Gladiator, que supuso una reactivación del viejo género del peplum. Además, El reino de los cielos retoma un antiguo proyecto del realizador, que en principio iba a llamarse Las cruzadas y a estar protagonizado por… Arnold Schwarzenegger. En todo caso, estas premisas son suficientes para explicar la expectación motivada por su nueva película.

Pues bien, probablemente El reino de los cielos no defraudará a los fans del espectáculo histórico, pero tampoco provocará el entusiasmo de quienes, como este cronista, no sienten especial simpatía por ver a unos tipos vestidos con trajes de malla y pegando mandobles. Pero tampoco quisiera parecer injusto. El filme de Scott se aleja deliberadamente de bodrios como El rey Arturo y pretende ofrecer un discurso hasta cierto punto original. Para ello, el director toma prestada la estructura de Gladiator: un hombre ajeno a las grandes páginas de la historia y de vuelta de todo debe enfrentarse, por esas casualidades que tiene la vida, con el poder establecido, hasta llegar a convertirse en un gran líder. No obstante, varios aspectos chirrían en esta estructura. En primer lugar, Orlando Bloom, tan perdido aquí como en la guerra de Troya, se revela incapaz de insuflarle a su personaje la grandeza moral que requiere, por lo que uno acaba congraciándose antes con el magnánimo Saladino que con un héroe francamente soso. En segundo lugar, Scott cae a lo largo del relato en numerosos convencionalismos, entre los cuales cabe destacar una forzada historia de amor que parece cumplir únicamente el objetivo de alargar el metraje y propiciar el inevitable happy end. Y, por último, se echa en falta el aliento shakesperiano de los grandes filmes históricos, sustituido aquí por unas réplicas más o menos ingeniosas pero carentes de intensidad dramática.

Sin embargo, El reino de los cielos también tiene algunas virtudes que lo distancian de los filmes de aventuras posmodernos y lo dotan de un agradable sabor clásico. Además de la cuidada ambientación, cabe resaltar la notable planificación de Scott —que, por más que les pese a sus detractores, es un auténtico «director de raza»—, sobre todo en las escenas de batalla, menos confusas de lo habitual a pesar de ceñirse al modelo interactivo de Salvar al soldado Ryan. También el elenco de lujosos secundarios —desde Liam Neeson a un acartonado Jeremy Irons, pasando por el malvado Brendan Gleeson o por el excelente David Thewlis— contribuye a animar el desfile histórico. Y he dejado para el final el aspecto probablemente más llamativo del filme: su clara ambigüedad moral, muy adecuada al relativismo ideológico posmoderno, aunque cuando menos sorprendente en su transposición histórica. Y es que Scott no se limita a ofrecer una relectura de las cruzadas, sino que las reescribe con absoluta impunidad. Resulta ahora que los cristianos no iban a liberar Jerusalén del poder musulmán, sino a materializar la idea de un estado ilustrado donde predominasen la concordia y el multiculturalismo. Seguro que por menos de eso Torquemada mandó a algunos a la hoguera. Con todo, este cronista no puede sino simpatizar con una perspectiva tan extravagante, mistificadora y, en el fondo, bienintencionada, pues Scott lanza un mensaje integrador poco habitual en los filmes surgidos bajo los auspicios de la administración Bush. Aunque sólo fuera por eso, habría que darle una oportunidad a El reino de los cielos.

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Publicado el lunes, 9 de mayo de 2005, a las 17 horas y 40 minutos


[1] Raro es cuando no estamos de acuerdo. Pues tuve la oportunidad de ver la peli ayer. Y coincido al 99%.
Orlando Ploof, me pareció bastante patética su actuación, no se si es por su reducida estatura o su excasa interpretación, pero el papel se le queda grande.
Pero sin embargo, las 2h y 30 min de film, no se hacen largas, la peli es entretenida, que para mi es lo importante de todo esto.

Pero... escenas de batallas ¿menos confusas de lo habitual? alguna se libra, pero yo también cerraba los ojos (como la mujer que tenía al lado) ella, por ¿miedo?, yo por mareo.
Comentado por David Gil. | 10/5/2005 17:15
[2] babilonico.
Comentado por joseline | 10/10/2007 02:42






Ilustración de Toño Benavides
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