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PARADOJAS DEL CINE SOCIAL (1). Mike Leigh es uno de los escasos supervivientes de la ola de cine social que recorrió Gran Bretaña a comienzos de los años noventa. Una vez que las aspiraciones críticas de dicha corriente se domesticaron, tal como prueban películas como The Full Monty o Billy Elliott, las únicas opciones viables parecían la diáspora (Stephen Frears) o la insistencia en unos modelos retóricos cada vez más encorsetados (Ken Loach). Sin embargo, Leigh ha conseguido mantenerse fiel al estilo de un cine comprometido, izquierdista y sentimental sin abdicar de la intensidad estética. A ello ha contribuido la inclusión de un elemento que no figuraba en el programa de sus compañeros de escuela: la ironía. Así, Secretos y mentiras conseguía evitar los abismos del melodrama mediante el diálogo con el culebrón televisivo; Dos chicas de hoy adoptaba una perspectiva entre distanciada y kitsch para abundar en las mutaciones sociales ocurridas en Inglaterra después de Thatcher, y Todo o nada añadía a la encarnadura humana de sus personajes una dosis de extrañeza lindante con el minimalismo de Kaurismäki.

El secreto de Vera Drake supone en apariencia una nueva vuelta de tuerca en el universo creativo del autor. En primer lugar, Leigh abandona las tensiones del presente y ambienta su relato en los años inmediatamente posteriores a la II Guerra Mundial (en 1950 y 1951). En segundo lugar, prescinde del tono distanciado de sus anteriores películas (aunque el humor aparezca en ráfagas aisladas) para centrarse en un emotivo retrato de personajes. Por último, y acaso por vez primera en la filmografía del realizador, nos encontramos ante un filme «de tesis»: en este caso, una explícita defensa del aborto. Sin embargo, estos cambios afectan más a la forma que al fondo. De hecho, la atmósfera de la narración lleva el sello de fábrica de Leigh. No sólo el problema central que plantea la película sigue teniendo vigencia en la actualidad, sino que el mosaico de personajes que construye el autor (y que a veces remite a una versión naturalista de La familia Monster) enlaza de manera directa con sus anteriores trabajos, que en realidad proponían un análisis del microcosmos familiar contemporáneo. Finalmente, Leigh vulnera las convenciones del cine de tesis. Por una parte, el tono contenido de la película se sitúa en los antípodas de las encendidas proclamas reivindicativas. Por otro, tampoco el desenlace incluye el habitual reparto de premios y castigos que hallamos en el cine social al uso, de manera que al espectador se le priva de la catarsis que parece connatural a esta clase de relatos.

La ambigüedad de la película se extiende al propio personaje de Vera Drake, una sencilla ama de casa metida a abortista por compasión, para quien ayudar al vecindario a mantener el «control de natalidad» es algo tan natural como preparar una taza de té. Aquí reside tanto el desafío ético de la película como su principal inconveniente. No en vano, al personaje de Vera le falta una mayor complejidad psicológica. Pues si, como sugiere la película, la propia Vera ha conocido de cerca el trance del aborto, ¿tiene sentido que acuda a «ayudar a las chicas» con el mismo talante despreocupado que si fuera a la fiesta mayor de su pueblo? Y si tanta es la dedicación de la protagonista, ¿por qué deja que tales chicas se las arreglen como puedan ante las consecuencias de sus métodos caseros? ¿O acaso ignora dichas consecuencias? Es cierto que esas son las preguntas que Leigh quiere que el público se formule, pero el hecho de que Vera ni siquiera se las plantee resta verosimilitud a un personaje con el que el espectador debería simpatizar de manera inmediata. A pesar de este defecto, que en mi opinión no es secundario, Vera Drake es una película muy estimable que confirma a su director como uno de los autores más personales e inteligentes del panorama europeo. Si éste ha de ser el futuro del cine social, God Save Leigh.

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Publicado el lunes, 14 de marzo de 2005, a las 16 horas y 02 minutos


[1] Otras. A mí películas como "The Commitments" (1991) de Alan Parker, "The Van" (1996) de Stephen Frears o "Brassed Off" (1996) de Mark Herman (aquí se llamó Tocando al viento) me siguen gustando mucho. ¿Qué te parecen a tí Betaville?
Comentado por Coronel Cometa | 14/3/2005 20:14
[2] Respuesta a Coronel Cometa. También me gustan las películas que indicas, aunque no creo que formen una entidad tan compacta como puede parecer a primera vista: Parker filma lo que le echen (a veces le sale bien y otras fatal); Frears ha intentado alternar una veta agridulce (sobre todo desde "Café irlandés") con una andadura hollywoodiense bastante errática, aunque él fue el auténtico precursor del cine social con sus películas de los años ochenta ("Mi hermosa lavandería", "Sammy y Rosie se lo montan"...); Herman me parece, como Peter Cattaneo o Stephen Daldry, un epígono bastante aventajado de Loach o Frears, pero creo que tiende a echarle demasiado edulcorante a sus filmes.
Comentado por Betaville | 15/3/2005 13:49






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