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HOLLYWOOD EN SUS MANOS (6): M. NIGHT SHYAMALAN Y STEVEN SODERBERGH. A continuación incluimos la penúltima entrega de nuestro diccionario portátil de directores estadounidenses:

SHYAMALAN, M. Night. Es el maestro de la película con trampa y del giro argumental impredecible. En El sexto sentido nos convenció de que Bruce Willis tenía una salud de hierro hasta el final del metraje. Aunque después Amenábar se guardó el mismo as bajo la manga, pero con menos cabos sueltos, pocos pueden negarle a Shyamalan su papel de precursor en el cine posmoderno de muertos vivientes. Intentó el más difícil todavía con El protegido, extraña película de superhéroes que entusiasmó a los habituales del arte y ensayo y abatió a los fans de los efectos especiales. Shyamalan ya mostraba entonces su vocación de transgredir los límites, al tiempo que ofrecía un tratado moral sobre las débiles fronteras que separan el Bien y el Mal. El proceso de despojamiento estético que atravesaba el cine de Shyamalan se asomó a los abismos de la serie B en Señales, incomprendido homenaje a los maestros del género de ciencia-ficción que destacaba por su pureza químicamente calculada. Pueblos fantasmales, sonidos nocturnos y marcianos realmente verdes jalonaban la única película sin doblez de Shyamalan, en la que pesaban más las dudas existenciales de Mel Gibson que la amenaza de una invasión extraterrestre. Tras esta peculiar relectura de San Manuel Bueno, mártir, el realizador volvió a dar muestras de su imaginación tortuosa en El bosque, donde su virtuosismo en la dirección se ponía al servicio de una anécdota tan apasionante como inverosímil. En menos de diez años de vida cinematográfica —aun contando su opera prima, Los primeros amigos—, Shyamalan ha acotado un territorio tan personal como transferible. Mientras prepara su nueva película, en la que Paul Gimatti se encuentra con una sirena mitológica, el espectador puede dormir tranquilo: Spielberg tiene un sucesor llamado M. Night Shyamalan.

SODERBERGH, Steven: De niño prodigio a autor maldito. Ése fue el itinerario que recorrió Steven Soderbegh desde que en 1989 deslumbró a la crítica con Sexo, mentiras y cintas de vídeo hasta que su fulgurante carrera se dio por terminada, a mediados de la década del noventa. Por el camino, el autor transitó entre el experimento cinéfilo-literario —Kafka, la verdad oculta—, el melodrama retro con niño —El rey de la colina— y el thriller posmoderno —Bajos fondos—. En 1998 reapareció con Un romance muy peligroso, una adaptación de Elmore Leonard que coincidía cronológicamente con otra versión del autor: Jackie Brown, de Tarantino. La resurrección de Soderbergh se corroboró gracias a una de sus mejores películas, El halcón inglés, homenaje crepuscular al cine policíaco de los años sesenta que funcionaba como variación de A quemarropa, de John Boorman. En 2000, Soderbegh hizo doblete con algunas de sus entregas más populares: el filme de investigación Erin Brockovich, donde Julia Roberts interpretaba uno de sus mejores papeles, y el thriller caleidoscópico Traffic, cinta coral donde el reportaje más o menos documental se mezclaba con la ficción pura. La soltura de Soderbergh tras las cámaras le llevó a emprender con éxito un remake imposible: el de Ocean’s eleven, relectura contemporánea de La cuadrilla de los once, una de las clásicas producciones del «clan Sinatra». El cóctel entre el género de ladrones de guante blanco y el anuncio publicitario de Martini volvió a hacerse patente en Ocean’s twelve, una segunda parte considerablemente inferior a la primera. Al relativo fracaso de Ocean’s twelve cabe sumar también el fallido juego metaficcional de Full frontal y el batacazo de Solaris, donde Soderbergh se alejaba tanto de la película de Tarkovski como de la novela de Lem para elaborar un poco convincente drama amoroso con trasfondo sobrenatural. La reciente Bubble, aún inédita en nuestras pantallas, permitirá comprobar si el realizador atraviesa un nuevo bache creativo o si habrá sido capaz de reinventarse a sí mismo. Siempre entre la originalidad y el calco, la improvisación y el palimpsesto, Soderbegh es uno de esos selectos directores-camaleones que manejan la tramoya del nuevo Hollywood.

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Publicado el viernes, 16 de junio de 2006, a las 20 horas y 45 minutos


[1] Gracias. Y es que eso es lo que necesitamos los cinéfilos: espacios donde hallar datos sobre lo nuevo y lo de antes. Sugerencias, miradas....


Si acaso escribieras por favro algo sobre Godard...


Gracias otra vez.
Comentado por Vir& | 21/6/2006 10:16 | http://puertoa.blogspot.com
[2] Godard. Gracias de nuevo por tus comentarios. Prometo algo de Godard dentro de poco: por cierto, acaba de salir editada en dvd "La Chinoise", una de las películas malditas del director francés, sobreviviente de la "nouvelle vague" a costa de reinventarse a sí mismo.
Comentado por Betaville | 22/6/2006 13:05






Ilustración de Toño Benavides
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