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KOJAK. Lo comprabas, y salías del kiosco corriendo. Sonreías como sólo un niño es capaz de sonreir por un sencillo caramelo. Pero para tí no era sencillo; para tí era algo más. Era no tener que decidir, era poder tenerlo todo. Era caramelo, pero también chicle.

Te peleabas con el envoltorio, y antes de saborearlo lo mirabas. Te gustaba ponerlo entre la luz y tú. El caramelo se hacía traslúcido, y veías.

Veías las pompitas perdidas en el cristal, veías las resquebrajaduras, el caramelo cuarteado, las fisuras. Y allá lejos, la bola de chicle.

Veías un universo completo.

Veías el futuro, tu próximo cuarto de hora.

Veías el sabor y el placer. Lo veías todo.


Y la sonrisa seguía ahí.









* Escrito para Crystalzoo, como parte del ,Concurso para el Centro cultural La Yesera, San Vicent del Raspeig, Alicante.

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Publicado el martes, 26 de diciembre de 2006, a las 11 horas y 00 minutos








Ilustración de Toño Benavides
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