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ANOTACIONES EN SERVILLETAS. Pasan los años sobre mí a modo de apisonadora. Con toda su fuerza, con un rugir ensordecedor que determina seco el paso del tiempo. Y pasan sin saludarme, en una mezcla de rutina y devenir. Porque así debe de estar escrito en esa barra de hielo en que consiste esto de estar vivo.

Deshago mis pasos. Vuelvo sobre ellos para encontrar el momento en que me perdí de vista, en que dejé de reconocerme en el espejo; en que ese extraño que digo ser yo ya es alguien que apenas conozco. Pero no llego a ese punto en el que ya no hay vuelta atrás, ni punto de partida ni hostias que lo entienda.

Sigo abriendo mi bar a diario. Desistí de hacerlo renacer como un Gran Café de esos que tiene olor a fresa de lata para dejarlo como está, con su fragancia a fracaso y a humanidad en vías de extinción.

Me aqueja una pena profunda amago de infarto el subir la persiana. Supone para mí un esfuerzo sobrehumano, requiriendo para ello más dosis de ánimo que de testosterona. Pero no queda otra, esta era la suerte de los pobres, la mía en definitiva, y por más que imploro un cambio de vida, éste no aparece por ningún lado.

Lo que circunda mi vida, lo que la rodea, todas las personas que conforman esta realidad que a veces no sé siquiera si es mía, siguen aquí. Tal vez para confirmarme que no soy un espectro, que soy real, y que si me pinchan me duele joder, incluso sé llorar si la situación lo requiere. Y reírme, pero las menos veces y casi siempre de mí. Y no sé si esta es la vida que pensé mía, si la he ido eligiendo conscientemente o es la partida de dados de un ser superior que se descojona a mi costa, así que, me conformo con pensar que estar vivo era esto.
Sin otro adorno, sin más. Así, a quemarropa.

Por tanto, no está de más que sepan que no deben esperar de mí gran cosa porque yo tampoco lo suelo hacer de mí mismo.

No volví con Marta. Lo intentamos. De veras que fue así y que puse todas mis intenciones en que funcionase, pero los perdedores tenemos nuestra condición marcada a fuego y uno puede escapar de todo menos de lo que es. Me instalé de nuevo en la casa que había sido mi casa y que ahora era de ella, en mi sillón y en la nevera cargada de alimentos macrobióticos con la esperanza de que todo fuese como empezar de cero, sin pasado, con presente y una mínima esperanza de futuro: pero nunca se puede cambiar la mano que te ha tocado en mitad de la partida de póker. Así que, ahora nos llevamos bien, y quedamos, y follamos. También vamos al cine, y comemos palomitas y compartimos todas esas cosas triviales que nos hacen tan necesarios el uno para el otro. Lo que no puede ser, no puede ser, por más empeño que uno le ponga.

María, esa María que devolvió a mis noches el sexo salvaje, volvió a su vida. Y yo a la mía, por ende, no quedaba otra. Ya no tengo edad para invertir demasiado tiempo en causas perdidas. Demasiado joven para soportarme y demasiado guapa para ser eternamente mía. Era tan previsible para ambos que lo nuestro no iba a ningún sitio, que lo que nos sorprendió es que no sucediera tras nuestro primer polvo y eso que puedo jurar que fue glorioso.

Susana la Bohemia está cansada y vieja. Más cansada y más vieja que de costumbre. Es como si de golpe le hubiera caído el peso de su vida y de la vida de toda la humanidad sobre la espalda y que ya no fuera capaz de soportarlo. Ahora anda enrolada con los “indignados” porque, como ella dice, “una se indigna cuando le da la gana y con la edad que le sale de su mismísimo,” (que para eso es suyo y esas cosas). A Susana le parece que no encontrará mejor ocasión para cambiar el mundo y proclamar la Tercera República que éste. Cómo me sorprende su capacidad de ver el mundo como si lo descubriera por primera vez, de una manera tan ingenua, tan naïf, como si lo que se nos viene encima tuviese arreglo y ella pudiera participar de él. Así que allá van Susana y sus ideales haciéndome un poco más rico trayéndome al bar a sus camaradas (que bien podrían ser sus bisnietos) indignados y haciendo de mi antro un lugar un poco más habitable. Al final, voy a acabar por tomarle cariño a esta mujer.

Segis sigue con la prensa. Afirma tajantemente que no entenderá nunca a Hegel y que no existe un pensador más lúcido en la actualidad que Woody Allen. Y casi todas sus teorías las formula sin despeinarse apenas, meneando su café sin azúcar lentamente y esperando a que mi contestación surja como un Demiurgo de entre los platos del lavavajillas.

Mi colega Ismael sigue siendo el testigo de todas mis vidas, de una detrás de otra. Salidas de la nada y silenciadas en miles de noches de borrachera. Es una suerte de resurrección encontrarme con él.

Y Cleo... Cleo… Cleo… Cleo siempre merece una mención de honor en la categoría de “Imposibles”. Por eso me sigue pareciendo tan fascinante como la primera vez que la conocí. Sobre ella tengo mucho que decir, pero no ahora, todo tiene su momento. Pilar ausente en mi vida.

Yo. Eddi Vansi. Afincado en Madrid por obra y gracia de Marta. Con más años de los que pensé que llegaría a vivir cuando me parieron, otra cosa es las condiciones que me ofertaron en aquel momento y que nunca leí del todo ni llegué a firmar muy convencido. Con más vidas que los gatos, aunque ya me he comido una de una manera no muy consciente. Triste noctámbulo de las tretas de otros. Camarero a jornada completa con el corazón triste. Contador de historias varias. Escritor fracasado. Follador excelente, porque uno sabe para lo que sirve, y mira, tal vez mi destino ande por otro derrotero. Eddi Vansi. Que abre la persiana del bar para que mis clientes se vayan acomodando. Haciéndose hueco en este vacío inmenso que acaba siendo estar vivo. Con menos pelo que canas. Fumando mucho más que hace treinta años ahora que parece un sacrilegio hacerlo. Lector en sus horas libres… Inconstante firme. No he cambiado mucho desde la última vez, más pálido, más enjuto y con más mala hostia pero mucho más socializada. Supongo que esto debe ser hacerse viejo: aprender a que lo que te duele te duela menos y a infringir un dolor tan placentero que el dañado vuelva a por más porque le quedó algún atisbo de duda.

Por ahora me basta con levantarme a diario y tocarme la polla, que es lo más real entre todo lo que me queda, o lo más mío. Y entender que si aún está ahí, entre mis piernas, es que esto no ha cambiado tanto.

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Publicado el miércoles, 2 de noviembre de 2011, a las 13 horas y 33 minutos


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[1] Anotación lúcida en una servilleta.. "Supongo que esto debe ser hacerse viejo: aprender a que lo que te duele te duela menos y a infringir un dolor tan placentero que el dañado vuelva a por más porque le quedó algún atisbo de duda."
Comentado por Otra. | 04/11/2011 19:53
[2] Sobre pollas y culos. Y tu polla es, en realidad, lo \'unico de lo que puedes fiarte. Al fin y al cabo es la \'unica que nunca le dar\'a por el culo.
Comentado por el irland\'es | 14/11/2011 18:50 | www.solomenosmola.blogspot.com
[3] ... y luego Dios dirá.. Puede llegar a ser muy duro tener que levantar cada día la persiana de la vida. Mejor levantarse y tocarse la polla. Y luego Dios dirá. Si es que dice y resulta que, en lugar de ateo, soy agnóstico.
Comentado por Alberto | 25/11/2011 19:10
[4] Los títeres del Rey. Mire usted/ usteda por donde viene uno a encontrarse con viejos conocidos.
El mundo es un pañuelo sucio, decía Cortázar.

¿Marta es la de La Noche. Lope. Marta. del ángel González?

A vos, no te va tan mal gordido.
Comentado por Lucía | 11/12/2011 13:30 | http://elblogdeluciafolino.blogspot.com
[5] Joder....... Cada vez que voy a cometer una tontería, y digo cometer porque lo mío ya es delito, intentó tomarme un respiro y pasar por aquí. A veces lo consigo, rebajar la asiedad y seguir con mi vida, a veces no. Y tiró de usted, sr. Vansi, del gintonic que hasta hace nada no me gustaba o de esos pequeños secretos que todos tenemos. De la polla me ocuparé ahora, sólo quería saludarle y darle las gracias....
Comentado por croketon | 12/12/2011 07:57
[6] Vuelve Eddie. No sé cómo descubrí este blog hace ya demasiados años. Pero sé que cuando la noche se hace demasiado larga y uno piensa en todo lo que pudo ser y no fue una frase viene siempre a mi cabeza: "fracasar no es fácil, toda una vida de entrenamiento." Y entonces sonrió un poco, sin creérmelo, y si tengo un ordenador cerca vengo aquí a ver si hay algo nuevo que leer.

Estaría bien que te dejaras caer por aquí de nuevo y contaras qué fue de Cleo y si fracasar es cada día más fácil, a lo mejor resulta que el entrenamiento acabó surtiendo efecto.
Comentado por Marin | 23/9/2012 01:17 | http://www.bestiario.com/eddivansi/d.php
[7] Good Night Messages for girlfriend. NICE






Ilustración de Toño Benavides
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