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UN GARBEO. Al final del camino, un edificio de factura antigua se anuncia con un cartel en lo alto. Es la Venta Vargas. Lleva en pie desde antes de la guerra, de cuando todavía era la Venta de Eritaña y paraba a repostar Fernando Villalón, poeta, tahúr y ganadero que un buen día se empeñó en conseguir una camada de toros negros con los ojos verdes. Y se arruinó.
En Andalucía se dan estas cosas. Aquí el surrealismo forma parte de la tierra, lo mismo que el viento o la locura. Por ello abandoné Madrid y me bajé al sur, a vivir de prestado. Desde entonces no tengo dudas acerca de la existencia de los milagros. Es más, hay veces que si no ocurren, los busco. Entonces me dejo caminar sin rumbo y cruzo la vía del tren y acabo en el campo bravo, allí donde los gitanos baten palmas y me llaman por mi nombre. Yo les compro pañuelos y en ese plan me da la noche. La hora de ir para la Venta Vargas.
Una vez dentro, respiro el aire corriente que se mueve en los últimos cuartos. Repaso los carteles que cuelgan de sus muros, la cabeza de un toro con los ojos verdes y las fotos viejas de años. Preservados del huracán del tiempo lucen una montonera de flamencos. Ahí está Caracol, retratado con gesto macho. Y también Terremoto, con las patillas hasta el moflete y toda la fiebre en los ojos. Y voy viajando de una foto a otra, hasta que por fin sucede. Y llega un eco jondo que hace vibrar los muros y que nadie sabe decirme de dónde viene.
Publicado hoy, 17 de Julio, en El Cultural de El Mundo.
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Publicado el viernes, 17 de julio de 2009, a las 17 horas y 04 minutos
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[1] Menuda berza gitana se come ahí... Y las tortillitas de camarones tampoco tiene desperdicio.
Comentado por
Pablo
| 17/7/2009 20:13

[2] VENTAS. La venta de vargas es famosa y ha dado mucho al mundo de lo jondo, pero también ha recibido. Esta venta es muy conocida y forma parte de las rutas del camarón (de la isla), pero había muchas otras y alguna queda todavía. De chico, cuando trasladábamos pa dos o tres meses toda la casa desde el pueblo a la casita que mi abuela alquilaba pa to el verano en la playa y hacíamos el viaje en una fragoneta vieja por lo que se llamaba "el camino de los pueblos" (antes de la tiranía de la autopista), el que conducía y mi abuelo (radiocassette de la época con las cintas de farina o mairena; pa mi abuelo, decía él, lo de camarón eran mariconadas) llegaban a la playa pa acostarse, del lote de vino que se habían pegado por el camino. Y es que había que parar en la ventas, según decían ellos, porque se calienta el motor,chiquillo. Y,ventas, había unas pocas.
Maestro, vas a dejar caer por aquí algún fragmento de Pistola y Cuchillo que vaya abriendo boca?
Un saludo.
Comentado por
El José | 17/7/2009 20:53
[3] .... Ese garbeo, sin la luz del cigarro, estupendo. Me ha gustado más que el crimen perfecto de F.G. Ledesma y que el existencilismo anfetaminico de Álvaro Pombo. Un buen aperitivo pa ir abriendo gana.
[4] Sintiendo las andadas en AndaluZia. Hola Montero,
Aunque no logro comprender mucho de tus temas que son muy regionales, en este podria atreverme a comentar que si puedo sentir algo de esa magia que se siente en el Sur, alla adonde te bajaste.
Puedo repasar mis andanzas en Andalucia con leer sobre las ventas y los hechos.
Andalucia es lo que es por el encanto de la mezcla de los ingredientes, Moro, Cristiano y algo de lo Judio.
De alli, lo Gitano.
Lugares como las Ventas, los he vivido en Ubrique, en Grazalema, en Conil de la Ftontera y en pueblitos blancos extravagantemente sensuales.
Leer tu escrito incita el antojo de volar y cruzar el Atlantico para revivir todo lo "jondo".
Salud
k
Comentado por
kiyo
| 19/7/2009 09:56
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