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www.bestiario.com/tigresa
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L. Me lo tragué todo, aunque me costó. Luego le pregunté: ¿has comido espárragos?
Publicado el jueves, 9 de febrero de 2006, a las 20 horas y 05 minutos
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K. Quizá nunca disfruté tanto como la primera vez que Jaime me comió el coñito. Fue poco después de que comenzáramos a salir, una de las primeras noches que dormí en su cama. Entonces, a pesar de que era una cría, sabía más o menos lo que podía sentir, más que nada porque llevaba bastante tiempo masturbándome yo solita y porque Jaime ya me había provocado unos cuantos orgasmos, aunque aún no me había penetrado. Pero de todas maneras me llevé una sorpresa enorme. Una sorpresa muy pero que muy agradable. Desde los primeros besos en los muslos estaba excitadísima, y muy nerviosa, la verdad, Jaime me había contado lo que iba a hacer y estaba hecha un flan: no estaba segura de si me iba a gustar… ni tampoco sabía si yo, si mi sexo, le iba a gustar; me daba morbo pensar en lo que iba a pasar, pero debo reconocer que no las tenía todas conmigo. A lo que iba, que Jaime se lo tomó con calma. O eso me parecía, notaba que me derretía mientras me besaba los muslos, mientras subía y se acercaba, mientras avanzaba de más y me besaba en el vientre, en las tetas, mientras volvía a bajar… De repente sentí una caricia muy distinta en los labios. Gemí. Pero su lengua había vuelto a subir, volvía a jugar alrededor de mi vientre. Hazlo otra vez, le supliqué. Me miró, me separó un poco más las piernas y… sentí una caricia muy suave, un placer dulce y caliente. Sigue, por favor. Recuerdo, sobre todo, el calor, la sensación cálida y húmeda en torno a mis labios, no sabía si me estaba besando o lamiendo, si usaba sólo la lengua o si también me tocaba con algún dedo. Recuerdo, además, que cuando por fin besó el clítoris sentí un placer enorme, no sé cómo describirlo, algo nuevo, placer en estado puro, sólo placer, placer, placer, no sé cuánto tiempo, con los ojos cerrados, mordiéndome, jadeando, hasta que no pude soportarlo más, hasta mis muslos intentaron cerrarse, hasta que aparté su cabeza… Luego me reí. Me hizo mucha gracia ver a Jaime ahí abajo, mirándome satisfecho.
Publicado el lunes, 6 de febrero de 2006, a las 13 horas y 57 minutos
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J. A veces... me gustaría ser un hombre. Saber qué se siente. Saber cómo sienten. Sentir cómo nos ven.
Publicado el jueves, 2 de febrero de 2006, a las 17 horas y 59 minutos
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I. Domingo resacoso. Zapping y sofá. Entre siesta y siesta, unas pocas carcajadas y unos cuantos recuerdos, charlando con Nerea. (Eva muda, haciéndose la dormida). El tema, inagotable o cortísimo, depende de cada cual: ¿Cuál es el mejor polvo de tu vida? Nerea lo tenía clarísimo: uno muy morboso que echó hace siglos en su habitación, aún entre muñecas y peluches, mientras su casa estaba repleta de familiares, con un primo segundo. Yo le dije que el mejor ha sido el primero con Nico, pero luego, cuando continuamos viendo la tele, me puse a pensar, a hacer memoria, y ahora mismo no lo tengo tan claro… Quizá podría elegir alguna noche de mucho alcohol y pocos pudores, o alguna velada romántica y pasional con Jaime…
Publicado el lunes, 30 de enero de 2006, a las 16 horas y 23 minutos
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H. Llegó tarde, pero llegó. Era cuestión de tiempo. Inevitable. Al principio, tonteando. Y tanteando. Luego, hablando ya en serio. Nico me contó lo mucho que le había puteado una tía hace un par de años, y el estupendo recuerdo que tenía de la chica con la que se estrenó. Le dejé hablar, sonreí cuando tocaba y esperé. No tardó en llegar su pregunta. «Y tú, ¿qué?». ¿Qué de qué?, respondí. «Pues de qué va ser, de ligues», contestó. Acabo de salir de un convento, ¿no te habías dado cuenta?, le dije. Nos reímos un rato a cuenta de mi himen y de mi virginal conducta y volvió a la carga. «Cuéntame». Esa serie no me gusta, Imanol Arias tiene un punto pero me aburre, repliqué. Cambió de táctica: «¿No quieres contarme nada, ¿tan mala has sido?» Entonces me cabreé. ¿Pero para qué necesita saber quién se ha metido en mi cama? A veces pienso que tarde o temprano le enseñaré este diario, pero rollos como el de ayer me echan para atrás: los celos no sólo surgen por situaciones actuales, sino también cuando uno se come la cabeza pensando en lo bien que una se lo pasaba con otro, o con otros. Los tíos ahora son todos muy machos y muy enrollados, pero no soportan las comparaciones. Les mola que follemos como putas… pero que tengamos el pasado de una monja.
Publicado el jueves, 26 de enero de 2006, a las 1 horas y 11 minutos
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G. Iba a contar otra cosa, pero me he quedado parada mirando la letra de hoy, y me he acordado de cuánto me he divertido a costa del supuesto punto G, mientras lo buscaba yo solita o cuando me ayudaban a descubrirlo. Sí, existe, seguro que existe, seguro que no mienten las que dicen que se lo pasan bomba con él, pero la verdad es que yo aún no he podido encontrarlo. Aunque la búsqueda aún no ha terminado…
Publicado el lunes, 23 de enero de 2006, a las 16 horas y 14 minutos
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F. Las tres de la noche. O de la madrugada, como se diga. Nico acaba de marcharse. Esta noche hemos ido al cine. La sala estaba casi vacía (era una peli subtitulada). Nos hemos colocado al fondo, en un lateral, y cuando me he dado cuenta de que me estaba quedando dormida (entonces sí que tenía sueño), me ha dado por juguetear con él. Le he puesto una mano en la rodilla, me ha mirado de reojo, mientras no dejaba de leer subtítulos, he subido por su muslo y, sin darle importancia, me he detenido en su bragueta. He sentido cómo crecía, cómo palpitaba dentro del pantalón, y cuando se le ha puesto dura le he tocado los huevos. Ha abierto las piernas un poco más. He bajado de la cremallera y he metido la mano. No he tardado en sacarla. Se ha puesto nervioso, tenso; estaba desconcertado, y muy excitado. Cuando he comenzado a masturbarle me ha llegado su olor. Me gusta cómo huele. Le he hecho una paja muy rápida, apretándosela fuerte y apuntando hacia la butaca de enfrente. Ha suspirado y, aún con la polla fuera, me ha besado en los labios y me ha preguntado que si podía tocarme. Ahora que lo pienso, me ha extrañado su pregunta. Yo he atacado sin pedir permiso. A lo que iba, ha empezado a acariciarme, casi siguiendo los mismos pasos que he dado yo, pero cuando se ha adentrado dentro del tanga le he dicho que parara, que no estaba a gusto. Luego, al salir, nos hemos reído bastante y me ha dicho que, sentado como estaba, con la mano izquierda en esa postura, estaba muy incómodo. Cuando hemos llegado aquí, no sé por qué, la verdad es que ya se me habían pasado las ganas de continuar. Hemos estado hablando y escuchando música. Se ha ido hace un rato, como cualquier otra noche.
Publicado el jueves, 19 de enero de 2006, a las 2 horas y 59 minutos
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